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Desde Piedras Negras hasta Japón, la búsqueda de las raíces familiares se convirtió en un viaje de identidad, memoria y esperanza
Piedras Negras

Raíces que cruzan el océano: La memoria japonesa en Coahuila

Desde Piedras Negras hasta Japón, la búsqueda de las raíces familiares se convirtió en un viaje de identidad, memoria y esperanza

Foto de perfil de Orquídea López Allec
Autor: Orquídea López Allec
31 de enero de 2026 a las 20:40 · 1243 Vistas · 2 min de lectura

Piedras Negras, Coahuila; 31 de enero del 2026.- La historia parecía haberse perdido con el paso del tiempo, entre silencios, ausencias y recuerdos incompletos. Hoy, esa historia volvió a cobrar vida gracias a la perseverancia de una mujer y al apoyo de un proyecto comunitario que busca rescatar la memoria de la inmigración japonesa en México.

Santa Sugaki es descendiente de uno de los japoneses que llegaron a México en 1907, durante la segunda oleada migratoria. Su abuelo, Shoujirou Sugaki,originario de la prefectura de Toyama, arribó al país cuando solo era un adolescente. 

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Años más tarde formó una familia en territorio coahuilense, pero murió joven, dejando a su único hijo huérfano y sin referencias claras sobre su origen.

“Legó de 17 años, llegó soltero aquí. A los 10 años de su llegada contrae matrimonio con una mexicana de aquí de Guerrero que fue mi abuela María Trinidad”, indica Santa.

“Tuvieron al primogénito que fue mi padre José Luis Sugaki, entonces mi padre, fue huerfano porque mi abuelo murio rápido a los 32 años y mi abuela quizas a los 28, entonces quedó huerfano a cargo de otros tios, otra familia y a él nunca le platicaron nada, ni sabía nada”, añade.

Shoujirou Sugaki llegó en 1907 en un barco a Salina Cruz, Oaxaca, llegó con varios amigos y se dirigió a la frontera de México, a Piedras Negras, Coahuila donde se estableció y puso una tienda.

Santa precisa que su abuelo era un hombre muy bondadoso, había tiempos difíciles y como entre todos los japoneses se ayudaban, dio muchos créditos, hasta que tuvo que cerrar su tienda.

Fue así que junto a tres amigos, decidieron ir a las Haciendas, lo que hoy es San Carlos, Coahuila a trabajar en la agricultura, a sembrar arroz.

“Allá fue su muerte, porque le picó una vibora de cascabel. Y entonces por medio de las actas de defunción he sabido mas detalles, como que murió en 1919, mi papá era de julio del 19 y mi abuelo falleció en agosto del 19”, indica Santa.

El deseo de conocer sus raíces la acompañó a Santa desde su adolescencia. Sin embargo, no fue sino hasta hace cinco años cuando ese anhelo comenzó a tomar forma. 

La búsqueda que duró medio siglo

En plena pandemia, a través de la Asociación México-Japonesa del Noreste, Santa encontró el respaldo necesario para iniciar una investigación que parecía imposible.

Con la orientación de especialistas y el apoyo de la doctora Mariko Nihei, el proceso avanzó de manera sorprendente. En apenas cuatro meses, la familia japonesa fue localizada.

“La doctora Mariko Nihei me dijo yo te voy a ayudar, y me ayudó, en cuatro meses los encontramos”, resalta.

“Esperé 50 años este momento y llegó en cuatro meses”, dice con emoción.

Recuerda que luego de la Universidad Interamericana del Bravo, realizó algunos eventos con la Asociación México-Japonesa del Noreste, así como un viaje a Las Esperanzas, pudo conocer a la doctora Nihei, al ingeniero Miguel Ángel Kiyama y el doctor Shinji Hirai.

Precisa que se pudo contactar a  un monje quien pronto viajó a Toyama donde sabía que habían unas tumbas de más de 160 años de antigüedad y que correspondían a una familia Sugaki.

Gracias a la investigación que pudo realizar el monje, pudo ver su sueño realizado y pudo conocer al primo hermano de su papá.

“Me consiguieron el teléfono y la dirección, y me puse en contacto a los cuatro meses de hace cinco años, pero nos pescó la pandemia y ya no pudimos hacer nada”, indica.

“Hoy las redes son una bendición, porque las redes me ayudaron bastante, hicimos unas llamadas, me traducía la doctora, porque tenemos la barrera del idioma”, añade Santa, al precisar que esa barrera del idioma fue derrumbada por el amor familiar.

El reencuentro en Toyama

Luego de cinco años de videollamadas, correos electrónicos, el esperado viaje a Japón finalmente se concretó. Santa pisó la tierra donde nació su abuelo y recorrió los lugares que durante décadas solo había imaginado. 

Uno de los momentos más significativos fue la visita a las tumbas familiares, algunas con más de 160 años de antigüedad.

“Allí estaban mis bisabuelos, mis tatarabuelos. Fue el primer lugar al que quise ir”, cuenta.

“El recibimiento que me dieron fue hermoso, desde el tren que llegamos, ellos ya tenían un programa para mí y para otra compañera que también me acompañó”, indica.

El reencuentro estuvo marcado por ceremonias tradicionales, recorridos familiares y un gesto que la conmovió profundamente: la entrega de un árbol genealógico que documenta varias generaciones de la familia Sugaki.

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“Entonces llegó el monje y nos llevó al templo donde hicimos una ceremonia para mi abuelo, para el tío de mi tío”, comparte.

“El monje estaba muy contento de vernos a la gente de México, con la cual había hecho el contacto, y nos recibieron de una forma muy especial, y mi tío nos regaló un árbol familiar de todas las generaciones. Mi abuelo tuvo siete hermanos”, precisa.

Santa pudo conocer a su familia japonesa, en un encuentro con gran calidez, con una cena con la familia que logró juntar su tío  y su esposa, como sus yernos, sobrinas, sus hijas y sus nietos.

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“Me llevaron a recorrer donde nació mi abuelo, ahorita ya es un estacionamiento, ya no hay nada, luego me llevaron a un museo de vidrio soplado”, apunta.

Raíces que fortalecen la identidad

Este reencuentro no fue un hecho aislado. Forma parte del proyecto comunitario “Raíces”, impulsado por la Asociación México-Japonesa del Noreste (AMJN) y el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), que ha acompañado a cientos de descendientes de japoneses en todo el país en la reconstrucción de su historia familiar.

El doctor Shinji Hirai, presidente de la AMJN e investigador del CIESAS, explica que estas investigaciones generan un impacto profundo: “Cuando las personas descubren su origen, cambia su forma de verse a sí mismas, de relacionarse con su familia y con su comunidad”.

En Coahuila, desde Piedras Negras hasta Parras, existen familias con ascendencia japonesa que aún conservan documentos, fotografías y testimonios que podrían revelar historias similares.

“En 2015 empezamos este proyecto comunitario con la participación de varios descendientes de los inmigrantes japoneses, los descendientes que quieren conocer sus raíces”, indica.

Detalla que a través de la capacitación con técnicas de investigación y  conocimiento general de la historia forman a los descendientes como investigadores comunitarios.

“Cada descendiente realiza su búsqueda de archivos, historia oral, objetos relacionados con la historia familiar”, apunta.

“También algunos de los descendientes ya han ido a Japón para conocer los lugares de origen de sus ancestros japoneses”, destaca.

Subraya que son más de 250 descendientes a nivel nacional y a nivel continente, que se han capacitado y han encontrado historias sumamente interesantes.

“Al descubrir sus raices los descendientes me han contado en una gran transformación de sus identidades, su forma de relacionarse con sus familias y mejor autoestima”, indica.

Para las nuevas generaciones

Hoy, la experiencia de Santa ha despertado el interés de sobrinos, nietos y jóvenes de su familia, quienes ahora sueñan con conocer Japón y continuar la historia que estuvo dormida durante generaciones y reconectar con su herencia cultural.

“Los invito a que sigan buscando sus raíces”, subraya.

El proyecto “Raíces” no sólo rescata el pasado de la inmigración japonesa en México; también construye puentes entre culturas, países y generaciones, demostrando que la memoria, cuando se comparte, sigue viva.

DGLJ

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