
Saltillo, Coahuila; 18 de noviembre.- La activista coahuilense Lilia Cárdenas Treviño fue galardonada este viernes en la Ciudad de México con el Premio Extraordinario Simone Weil, por su compromiso y coherencia en la promoción de los derechos.
La estatuilla fue entregada por la Academia E, Alta Escuela para la Construcción de la Paz, institución que vio en la coahuilense los méritos suficientes para recibir este año el premio que reconoce el trabajo que hace desde los 12 años en favor de los desfavorecidos.
Actualmente, Lilia Cárdenas se desempeña como presidenta de la Casa de Coahuila, institución ubicada en la alcaldía Coyoacán de la Ciudad de México, edificio donde se llevó a cabo la entrega del premio de manos de Paolo Pagliai, director de la Academia E.
Entre los asistentes al evento estuvieron el embajador de Italia en México, Alessandro Modiano; el obispo emérito de Saltillo, Raúl Vera López; el ex subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas y socios de la Casa de Coahuila y el Centro Interdisciplinario Italo-mexicano.
Durante la ceremonia, además de recordar a Simone Weil, activista que le da nombre al premio, también se enalteció la trayectoria de la condecorada.
Lilia Cárdenas trabajó en favor de los tarahumaras y los presos de las Islas Marías desde que era adolescente, recaudando fondos para apoyarlos. En su paso por la UAdeC apoyó la cultura y a los trabajadores.
Cuando tuvo la oportunidad de ir a París y Barcelona, apoyó a los chilenos exiliados por la dictadura y construyó ecoaldeas y proyectos ecológicamente sustentables.
Durante su discurso de agradecimiento, Lilia Cárdenas le agradeció a sus hijas Esmeralda y Ally Quetzal Ímaz por apoyarla en su labor, así como también a sus compañeros y colaboradores durante todo este tipo en que se ha desempeñado como activista.
Finalmente, en su discurso, Cárdenas repudió las guerras en curso y la situación de hambruna, insalubridad y terror en el que viven las víctimas de los conflictos armados en Ucrania y el Medio Oriente, donde los enfrentamientos y las muertes no cesan.
TRANSCRIPCIÓN DEL DISCURSO DE ACEPTACIÓN
PREMIO EXTRAORDINARIO SIMONE WEIL
DISCURSO DE AGRADECIMIENTO
Estimado señor Alessandro Modiano, embajador de Italia en México; querido Paolo Pagliai, Rector de la Academia E – Alta Escuela para la Construcción de Paz; Raúl Vera, destacado defensor de los derechos humanos y ex obispo de Saltillo, reconocido por su trabajo social, lucha por la justicia, la igualdad y los derechos humanos; Bertha Luján y Arturo Alcalde, compañeros de luchas compartidas durante más de 50 años; Alejandro Encinas, destacado defensor de los derechos humanos; Octavio Rivero Villaseñor, alcalde en Milpa Alta; ex presidentes y socios de la Casa de Coahuila y del Centro Interdisciplinario Ítalo-Mexicano, amigas y amigos:
Buenas tardes a todes
Es un honor y verdadero motivo de orgullo recibir hoy el Premio Extraordinario Simone Weil al compromiso y la coherencia en la promoción y defensa de la cultura de los derechos.
Este es un reconocimiento que no solo me conmueve profundamente, sino que también me implica una gran responsabilidad.
En primer lugar, quiero expresar mi más sincero agradecimiento a la Academia Alta Escuela para la Construcción de la Paz y a su presidente, Paolo Pagliai, por este generoso gesto. No sé hasta dónde pueda merecer este valioso premio, pero puedo asegurarles que su recepción me compromete más que nunca con la causa de la paz, la justicia y los derechos humanos.
Al recordar a Simone Weil, una de las filósofas y activistas francesas más importantes del siglo XX, me siento particularmente interpelada. Simone denunció los abusos y las violaciones a los trabajadores y siempre luchó contra las desigualdades y los totalitarismos.
Su vida y su obra han sido inspiración para numerosas generaciones de mujeres y hombres. Weil fue una mujer que siempre puso los derechos fundamentales de las personas, especialmente de las más vulnerables, en el centro de sus afanes vitales por alcanzar la verdad y la justicia. En su obra, el sufrimiento y la opresión de los seres humanos fueron tema esencial; también lo fueron su dignidad y su capacidad para trascender a través de la solidaridad y el cuidado de los demás.
Al recibir este premio con su nombre, siento que se reconoce un trabajo colectivo, un esfuerzo que no sólo es mío, sino de todos los que han caminado antes que yo y a mi lado en mi vida y en la Casa de Coahuila. Todos quienes aportan su esfuerzo su colaboración y su visión, han sido parte de este viaje, que ha sido tanto un acto de compromiso como un proceso de crecimiento y aprendizaje.
En todos los espacios que me ha tocado laborar, siempre he intentado que sean ambientes abiertos y es así que se han convertido en refugios, en fuente de inspiración y, sobre todo, en lugares donde los proyectos y sueños de personas comprometidas con la paz y solidaridad encuentran cabida.
Este camino lo inicié desde los 12 años en la secundaria Parras, organizando kermeses y colectas para apoyar a los tarahumaras y a los presos de las Islas Marías, lo continúe en la Universidad Autónoma de Coahuila, en la cultura y apoyo a los obreros, en París solidarizándome con los chilenos en su exilio, en Barcelona haciendo Eco Aldeas y proyectos ecológicos y sustentables, en la Ciudad de México en apoyo a los artista y actualmente desde la Casa de Coahuila, que se ha convertido en un vórtice multicultural y multiétnico.
Desde mis diversos puestos en mi vida profesional y en la Casa de Coahuila he sido testigo de la inmensa riqueza cultural que reside en nuestra ciudad, en mi estado Coahuila, en nuestro México tan querido y me considero ciudadana del mundo y lucho porque la cultura esté siempre vinculada a la dignidad humana y a la defensa de los derechos colectivos y personales, sin fronteras.
A lo largo de estos años, he tenido la fortuna de trabajar junto a muchas personas valiosas que, cada día, me enseñan que la verdadera belleza no solo está en el arte, sino también en el respeto mutuo, la empatía y la lucha constante por la justicia.
Este premio es sin duda una grata respuesta que recibo con alegría y humildad. Un reconocimiento al trabajo realizado y también una señal de todo lo que aún queda por hacer.
Si algo he aprendido a lo largo de estos años, es que por mis ideas hablarán los hechos, como señala el lema de la Alta Escuela. Son los hechos, como los de Simone Weil, una pacifista que no dudó en enlistarse en la columna de Durruti contra el fascismo franquista y en apoyo a la República los que dan sentido a nuestras vidas y en torno a la de los demás.
Hoy, más que nunca, debemos seguir defendiendo una cultura de derechos, no solo como un principio moral, sino como una realidad cotidiana en cada acción, en cada palabra, en cada decisión y en cada uno de nuestros gestos.
Quiero agradecer de todo corazón a mis hijas Esmeralda y Ally Quetzal Imaz Cárdenas, a mis hermanos biológicos y a los otros los liberales progresistas del mundo, a mis colegas, a mis maestros de vida que han iluminado mi camino hacia la coherencia política y que se encuentran en el eterno Oriente, a todas las personas que han estado a mi lado, a mi equipo de Casa de Coahuila. Gracias por su apoyo y por compartir este camino.
Finalmente, quiero compartir este premio con todas aquellas personas que luchan por un mundo más justo y donde la dignidad humana sea siempre respetada, donde la paz no sea solo un sueño, sino una realidad.
Simone repudiaba la guerra, pero más repudiaba, decía, a quienes se quedaban cruzados de brazos. Su odio a la guerra se cifraba en el hecho de que su dinámica convertía a los protagonistas en objetos. Este sentimiento no fue producto de una reflexión puramente teórica, sino porque ella misma, durante la Guerra Civil española, participó al lado de los republicanos, armada como soldado de filas. Sin embargo, de la crueldad y ceguera con que ve actuar a los bandos, su actitud frente a la guerra se torna en ella en rechazo absoluto.
Nadie como Simone experimentaba el sufrimiento de quienes lo padecían, y su grado de solidaridad con ellos llegaba al extremo de no comer sino lo que la pobreza y la servidumbre hacía que los trabajadores, los combatientes y los miserables comían. O bien, llegaba a dormir en el suelo si es que aquellos con los que se identificaba debían hacerlo, como ocurrió durante la época de la ocupación nazi en Francia y la Resistencia que se oponía a ella.
Hoy vivimos horrendas guerras en Ucrania y, sobre todo, en el medio oriente. Niños, mujeres y ancianos caen asesinados por la metralla prepotente en tierras palestinas.
El ánimo de conquista para apropiarse de los recursos naturales y los territorios ajenos se torna en codicia para explotarlos. La finalidad es convertirlos en acumulación de poder.
Esa acumulación de poder, traducida a dinero, ha convertido a un pequeño sector, calculado en el uno por ciento de la población mundial (unas pocas familias), en la realidad más obscena y antihumana de nuestro tiempo.
En el otro polo social, millones de seres humanos mueren, en una mayor cantidad que en la guerra, por hambre o por enfermedades curables que no son atendidas por falta de recursos.
Todos esos hechos, que en la sensibilidad de Simone percutían con fuerza hasta hacerla llorar, hoy son los grandes obstáculos contra la paz. Su pacifismo radical la haría sufrir con más fuerza en nuestros días ante el renacimiento de las condiciones políticas y sociales que nutren a tarascadas el neofascismo en Europa y en nuestro continente.
Se habla ya, con una frecuencia creciente, de la posibilidad de una tercera guerra mundial.
A esa posible horrenda realidad no podemos hacer otra cosa, que nos justifique como seres humanos, que lo dicho por Simone Weil: no quedarnos cruzados de brazos.
Las organizaciones que buscan un mundo libre de violencia masiva, como lo es la Alta Escuela para la Construcción de la Paz, juegan un papel de la mayor importancia en estos momentos de incertidumbre, de fragilidad de la existencia humana, de dolor y terror como alimento diario de millones de personas.
La paz parece escurrirse por todas partes. En el artículo 1 de la Carta de la ONU se establece que los propósitos de esta organización son:
Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz;
Es evidente que la ONU no ha logrado tomar esas medidas colectivas eficaces para mantener la Paz y la Seguridad internacionales, ni para prevenir y eliminar amenazas a la Paz y suprimir actos de agresión y otros quebrantamientos de la Paz.
El hecho de tal ineficacia tiene su causa y se refleja, precisamente, en que los países más poderosos de la Tierra destinen menos recursos a la construcción de la paz, la cultura y la educación, que al gasto de guerra.
También se refleja en el hecho de que los grandes medios de comunicación no fomentan el aprendizaje y enseñanza de la Paz. Tampoco quienes se dedican a la industria del entretenimiento. Películas, series, videojuegos, deportes y otras actividades tienen por objetivo fomentar la violencia y la competencia feroz.
Simone Weil sufrió, como el resto de las minorías étnicas y por razones de credo ese tipo de violencia cultural, algo que se climatiza y convierte en conductas cotidianas
De Simone Weil, el gran escritor existencialista Albert Camus, decía que era “el único gran espíritu de nuestro tiempo”. De esta sensibilidad femenina, comprometida, valiente, solidaria, entregada al bien de los demás, debemos hacer el esfuerzo porque se reproduzca en las familias, la escuela, los círculos de amigos, los partidos políticos y los gobiernos.
Si para Alfonso Reyes, todo lo sabemos entre todos, el disfrute de la paz debe ser una construcción de todos.
vcf