Un grupo de personas migrantes deportados esperan en el puente Internacional Paso del Norte, luego de ser expulsados de Estados Unidos.
Irene cuenta que intentó volver a cruzar la frontera y para ello se acercó a un grupo de
 traficantes de personas, conocidos comoÂ
polleros.
La joven y su hija volvieron a suelo estadounidense y, otra vez, las regresaron. De nuevo en Ciudad Juárez, fueron secuestradas.
Los captores se comunicaron con sus parientes en Virginia yÂ
exigieron cinco mil dólares por cada una como rescate. Pero la familia no tenÃa ese dinero.
Una noche, tras varios dÃas de negociaciones, los secuestradores les advirtieron que serÃan asesinadas.
“Mi hija se puso a llorar y me dijo: ‘mamá ¿por qué nos van a matar?â€.Â
https://youtu.be/3td7RA9vgHc
Secuestros imparables
El caso de la joven salvadoreña y su hija es frecuente enÂ
México, donde, según organizaciones civiles, la mayorÃa de las personas migrantes sin documentos sufren algún tipo de violencia a su paso por el paÃs.
No es algo nuevo. El Informe Especial sobre la Situación que Guarda el Tráfico y el Secuestro en perjuicio de las Personas Migrantes en México 2011-2020, de la
 Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), establece que en la última década más de 70 mil personas migrantes fueron vÃctimas de tráfico y secuestro en el paÃs.
La mayorÃa de los casos ocurre enÂ
Chiapas, Nuevo León,Â
Tabasco, Veracruz yÂ
Tamaulipas. Las vÃctimas fueron sobre todo personas migrantes de Guatemala,Â
El Salvador, Honduras,Â
Nicaragua y Cuba.
Pero no fueron todos los que se cometieron, pues el número real era muy superior.
“Es una práctica de mayores dimensiones, que la que aquà se presenta y, por lo tanto, esta investigación arroja una cifra mÃnimaâ€.
Vestigios dejados en rutas de migrantes, zonas de paso clandestinas hacia Estados Unidos, por donde operan grupos de traficantes de personas.
En ese entonces se estimaba en al menosÂ
20 mil los plagios anuales, comentó el quinto Visitador de la
 CNDH, Mauricio Farah, autor del informe.
El secuestro de personas migrantes es común en el paÃs.
 La Fundación para la Justicia (FJEDD) señala que, cada semana, reciben reportes de entreÂ
dos y tres secuestros de personas provenientes de Honduras.
También ha documentado numerosos plagios de personas solicitantes de asilo enÂ
Estados Unidos, que fueron obligadas a permanecer en territorio mexicano por la estrategiaÂ
Protocolos de Protección a Migrantes (MPP, en inglés).
Los datos se encuentran en el informeÂ
En la boca del lobo. Contexto de riesgo y violaciones a derechos humanos de personas sujetas al programa Quédate en México, elaborado por la FJEDD y otras organizaciones.
Abusos de EU
Directivos de albergues enÂ
Ciudad Juárez estiman que, al menos, ocho de cada 10 personas migrantes han padecido algún abuso, violación a sus derechos o una acción criminal en esta zona de la frontera norte de México.
La mayorÃa, sin embargo, no presentan denuncias ante las autoridades porque tienen miedo y desconfianza. Es el caso de Irene. “Si lo hago corro peligro y es lo que menos quieroâ€, dice.
La joven y su hija lograron escapar de su cautiverio y se refugiaron en un albergue para tratar de recuperarse de la amarga experiencia. Asà ha vivido los últimos meses, a la caza de una oportunidad para volver a cruzar la frontera.
Dos niñas y un niño originarios de El Salvador descansan en un albergue de Ciudad Juárez, tras ser expulsados de Estados Unidos con su familia.
No es fácil. Ciudad Juárez es una zona de alto riesgo para las personas migrantes, advierte el informeÂ
Desordenado e inhumano, de Human Rights First y Hope Border Institute.
El documento se centra en la región de El Paso-Ciudad Juárez, donde organismos defensoras de personas migrantes documentan la situación que viven las personas migrantes, con base a testimonios y entrevistas a solicitantes de asilo humanitario en Estados Unidos.
“La polÃtica de expulsión está creando desorden, confusión y trauma, y ​​está empujando a los migrantes y solicitantes de asilo a emprender viajes peligrosos, y repetidos, para cruzar la frontera para llegar a un lugar seguroâ€.
“En Ciudad Juárez, gente expulsada por el puente internacional queda inmediatamente vulnerable a los secuestros y explotaciónâ€. Algo que ya se habÃa establecido en el informe En la boca del lobo.Â
Gretchen Kuhner, directora del Instituto para lasÂ
Mujeres en la Migración (IMUMI), que participó en la elaboración de ese informe, advierte que el gobierno estadounidense envÃa a las personas migrantes a una situación de grave riesgo en México.
Esto ocurrió durante la primera etapa del programaÂ
Quédate en México, y después se mantuvo con las expulsiones de personas migrantes bajo el decreto TÃtulo 42, que mantiene el gobierno deÂ
Joe Biden.
Se trata de una polÃtica de salud establecida porÂ
Donald Trump, a partir delÂ
20 de marzo de 2020, para contener la pandemia de Covid-19.
Dos niñas y un niño originarios de El Salvador descansan en un albergue de Ciudad Juárez, tras ser expulsados de Estados Unidos con su familia.
El programa consiste en sacar del paÃs a las personas migrantes detenidas por la Patrulla Fronteriza, de manera expedita y sin concederles el derecho a una audiencia de asilo humanitario, como marca las leyes estadounidenses.
El argumento es que se trata de personas que pueden representar “un riesgo†para la salud de la población estadounidense durante la pandemia.
Hasta marzo de 2022,Â
más de un millón 765 mil personas migrantes fueron expulsadas de esta manera, según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos.
Entre las personas afectadas por elÂ
TÃtulo 42Â hay vÃctimas de secuestros y extorsiones, refiere Kuhner, y en no pocas ocasiones los delitos son cometidos por autoridades.
Eso eleva el nivel de riesgo para las personas migrantes, los activistas y organizaciones civiles que les apoyan.
El responsable de un albergue en esta ciudad cuenta que han detectado casos de mujeres, hombres y familias completas, que han sido secuestradas durante varios dÃas o semanas.
Los traficantes los mantienen retenidos con engaños, mientras extorsionan a sus familiares en Estados Unidos, o bien, los entregan a otros grupos criminales.
En algunos casos, las personas migrantes son abordadas por policÃas locales, cuando llegan a la ciudad por el aeropuerto o la central de autobuses.
Los agentes suelen despojarlos de sus pertenencias, les extorsionan o secuestran. El activista entrevistado (solicitó el anonimato por seguridad) afirma que los superiores de los elementos están enterados de los abusos.
Los casos han sido expuestos a las autoridades locales “y no ha pasado nadaâ€.
Las vÃctimas acusan no sólo aÂ
polleros y grupos criminales, sino también a policÃas de todas las corporaciones, incluyendo a personal dedicado a protegerles, que presuntamente trabaja en el INM.
“Ahora sà que no podemos apartar a nadie, la corrupción está extendida en todos los niveles de las autoridades, realmente llega en un momento en el que decimos que, ahora sÃ, no sabemos de quién cuidarnosâ€, cuenta el activista.Â
Para este reportaje se solicitó información a la FiscalÃa General del Estado de Chihuahua, sobre las denuncias presentadas por las personas migrantes y organizaciones civiles que les respaldan. No hubo respuesta.
De un infierno a otro
Desde el albergue en que se refugia junto con su hija,Â
Irene recuerda los dÃas aciagos de su secuestro.
No es fácil. Escapó de sus plagiarios, pero sabe que en cualquier momento puede volver al encierro: los perpetradores presuntamente están coludidos con policÃas municipales y estatales.
Por eso pide no identificar la ubicación del albergue ni tomar fotografÃas.
La joven y su hija salieron de su comunidad enÂ
El Salvador, y durante 24 dÃas viajaron hastaÂ
Ciudad Juárez con un grupo deÂ
polleros que las trasladó en autobuses, autos particulares, combis y hasta en taxis, pagando a militares y policÃas para que los dejaran pasar.
El Parque de las Tortugas, uno de los principales lugares de cruce de personas migrantes en Ciudad Juárez.
De ellos no supo más, después que las dejaron en el bordo del RÃo Bravo para que cruzaran a Estados Unidos. Fue el mismo dÃa que las expulsaron por primera vez de ese paÃs.
Esa vez, cuenta, se sintió angustiada porque no traÃa dinero. Otra mujer migrante que también expulsada le prestó para alquilar una habitación en un hotel a unos metros del muro fronterizo.
Ahà permaneció con su hija durante una semana, hasta que otra huésped la contactó con unÂ
pollero quien les ofreció llevarlas a Virginia por mil 500 dólares.
“Nosotros creÃmos, volvimos a confiar y pues nos fue mal porque nunca sucedióâ€. “Desde que salà del hotel todo lo que ellos dijeron nunca pasóâ€.Â
El traficante de personas las llevó a una zona conocida comoÂ
Parque Las Tortugas, uno de los puntos de cruce de personas migrantes más frecuentado por losÂ
coyotes. Allà lograron pasar a suelo estadounidense pero las volvieron a expulsar.
“No sé ni cómo, ni qué contactos tienen las personas (polleros)â€, dice. “Cuando me volvieron a sacar por el puente, estaba un taxista que me dijo ‘véngase’. ‘No’, le dije yo. ‘A usted no lo conozco’. ‘Yo a usted sÃ, la estoy esperando’, me dijo… TenÃa mi foto y la de mi hijaâ€.Â
Irene y su hija se subieron al taxi. “Nos llevaron de nuevo a la casa†de donde habÃan salido para cruzar de nuevo la frontera.
Ahà las mantuvieron dos semanas. Irene preguntaba a los traficantes cuándo volverÃan a cruzar. La respuesta fue esperar.
“DecÃan: no podemos, ahorita está muy feo porque migración se ha reforzado másâ€.Â
En un momento les quitaron sus teléfonos móviles y les prohibieron salir de la casa. Un hombre que estaba retenido con ellas les aclaró su situación.
“Estamos secuestrados, ustedes piensan que es broma, pero no, nosotros estamos secuestradosâ€.Â
Irene se dio cuenta que los traficantes pedÃan dinero a sus familiares. Lo supo cuando la movÃan con su hija de una casa de seguridad a otra. Las mujeres estuvieron en tres lugares diferentes.
“Nos movÃan a medianoche o en la madrugadaâ€, recuerda, porque supuestamente llegarÃa la policÃa. Pero lo que en realidad pasaba es que los agentes las movÃan de domicilio en unidades con logotipos de la policÃa municipal y del estado, asegura.
“Nos agachaban la cabeza para que nosotros no viéramos nada más, pero aunque uno vaya asà agachado, uno siempre de reojo miraâ€, comenta.Â
Una madrugada uno de los cuidadores de la casa trató de llevarse a su hija. Irene se opuso y entonces la llevaron a otra habitación donde dos traficantes de personas la violaron.
Varios secuestrados trataron de ayudarla, pero no pudieron. LosÂ
polleros estaban armados y drogados.
Al paso de los dÃas, algunas de las personas migrantes escaparon o las liberaron. Irene y su hija, junto con un anciano, fueron los últimos en quedarse en el lugar.
“Yo no hallaba para donde agarrar, no mandaban nada de dinero y decÃa ¿cómo me voy? Siempre me van a regresar si salgo a la calle, las autoridades de aquà están con ellos porque nosotros vimos las patrullas, los secuestradores nos movÃan en las patrullas y yo decÃa ‘no puedo confiar en ellosâ€.Â
La casa se seguridad tenÃa cámaras de vigilancia y un portón con dos candados, siempre cerrado con llave.
Una noche, cuando habÃan pasado más de un mes en cautiverio, los cuidadores salieron a comprar cerveza y dejaron las puertas sin cerrar con llave. “Entonces agarramos nada más lo que andábamos puesto y mis documentos y nos salimosâ€, cuenta.
El señor que estaba ahà esperando su cruce, el último que quedaba junto a Irene y su niña, le dio 200 pesos. La mujer tomó su teléfono celular y salió corriendo junto a su hija; no pararon hasta llegar a una avenida donde encontró un taxista.
“Por favor ayúdenme, me acabo de escapar de una casa que me tenÃan secuestrada. Tengo que irmeâ€.
“Subiéndome al taxi me cayó la llamada de ellos, que me iban a hallar y si me hallaba me iban a hacer mil pedazos… Les corté y ellos a cada rato llame y llame y llame y llameâ€.Â
Irene se comunicó con un familiar, quien le recomendó ir al albergue donde ahora se encuentra.
Varios meses después de la traumática experiencia, confiesa estar arrepentida por salir de El Salvador y poner en riesgo a su hija.
Pero tiene pocas alternativas. Regresar a su paÃs implica arriesgar la vida. Buscar ayuda de unÂ
pollero serÃa fatal: en Ciudad Juárez, como en todas las ciudades fronterizas de México, los traficantes de personas son parte de extensas redes de criminalidad.
Lo único que les a los migrantes es encontrar una forma de cruzar a Estados Unidos con documentos en regla.
Pero a la joven salvadoreña y su hija que escaparon de la pobreza y violencia en El Salvador, la opción de un visado del paÃs donde esperan salvar su vida es muy lejana.
Sobrevive, literalmente, en el limbo deÂ
Ciudad Juárez.
Zona de El Parque de las Tortugas.
Este trabajo forma parte de la investigación Bajo la bota. Militarización de la polÃtica migratoria en México de la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático del Estado y fue publicado originalmente en www.bajolabota.com.mxÂ