La crisis polÃtica en Armenia avanza de modo inexorable hacia su desenlace.
Por La Jornada
Moscú.- La crisis polÃtica en Armenia avanza de modo inexorable hacia su desenlace –al menos en esta primera fase de protestas espontáneas que forzaron la dimisión de Serge Sarksian, el ex presidente que querÃa seguir gobernando como primer ministro–, pero nadie sabe este domingo cuál de las dos únicas opciones que existen logrará imponerse: el nombramiento del candidato único como nuevo primer ministro o la convocatoria de elecciones parlamentarias extraordinarias.
Desde que Sarksian dimitió el 23 de abril anterior, al negarse a recurrir a la violencia para sofocar las manifestaciones convocadas por el lÃder opositor Nikol Pashinian, en apenas una semana las piezas del tablero polÃtico armenio quedaron recolocadas de una manera que, hasta hace poco, se pensaba impensable, habida cuenta de la mayorÃa que aún tiene el oficialismo que apoyaba al polÃtico derrotado.
ConvendrÃa destacar, en un apretado resumen, los siguientes movimientos clave: Pashinian, coordinador de una pequeña bancada con 9 de un total de 105 diputados es el único aspirante postulado para el cargo de primer ministro; la coalición oficialista que formaban el Partido Republicano (PR) de Sarksian y Karen Karapetian, el premier en funciones, con el partido Armenia Floreciente de Gagik Tsarukian, que sumaba 89 escaños, se desintegró y sus tres ministros abandonaron el gobierno provisional; el PR, con sus 58 legisladores, cinco más de los requeridos para nombrar primer ministro anunció que no va a postular a ningún candidato, mientras los 31 diputados de Tsarukian, en cambio, dijeron que votarán en bloque por Pashinian; el también opositor grupo Dashnaksution, con siete escaños, también respalda la candidatura de Pashinian, que en este momento cuenta con 47 legisladores y continúa ejerciendo presión en la calle mediante protestas cotidianas contra lo que denomina “los clanes que gobiernan en Armeniaâ€.
Este martes, el primero de mayo, la Asamblea Nacional (Parlamento) deberá elegir en sesión extraordinaria al nuevo primer ministro. La gran incógnita, en este momento, es si Pashinian conseguirá los seis diputados del Partido Republicano oficialista que necesita para llegar al mÃnimo de 53 legisladores (la mitad más uno) para ser nombrado.
Esa es una opción para resolver la actual crisis. La otra posible es que –a diferencia de lo que pasó en Ucrania cuando numerosos integrantes de la bancada del partido que apoyaba al depuesto presidente Viktor Yanukovich acabaron votando por su destitución–, en Armenia ningún miembro de la mayorÃa parlamentaria se cambie de bando y, de ser asÃ, al no postular candidato propio, quiera imponer su apuesta que es convocar elecciones legislativas extraordinarias.
Sólo seis votos separan a Pashinian de poder formar gobierno, pero – de ganar en este pulso el plan del oficialismo–, el opositor proclamó su intención de seguir encabezando protestas hasta tomar el poder, con o sin los votos del Parlamento, lo cual abrirÃa una nueva y más compleja fase de confrontación.
El Kremlin observa de cerca lo que pasa en Armenia y no teme un cambio drástico de su polÃtica hacia Rusia en caso de que Pashinian sea nombrado premier de modo legal o acceda al cargo por la fuerza. Rusia considera que este pequeño paÃs del Cáucaso, rodeado por Irán, TurquÃa y Azerbaiyán –al margen de quién sea su gobernante– necesita la base militar rusa, con cuarteles en Guimri y Yereván, como factor de disuasión a sus vecinos más poderosos y, en especial, como apoyo decisivo en la controversia territorial que Armenia mantiene con Azerbaiyán por el control del enclave de Nagorno-Karabaj.