El Faro Rojo: Las colegialas, deseo prohibido
Autor: Superchannel
08 de agosto de 2016 a las 11:32 · 1297 Vistas · 2 min de lectura
Por: Rosendo Zavala
Cerrando los ojos con miedo para no atestiguar la vileza de sus atacantes, Ariana lloraba en silencio mientras los verdugos concretaban la orgÃa donde ella y sus amigas se transformaban sin querer en objetos del placer ajeno.
Sin poder espantar el terror que sentÃa, la estudiante de pedagogÃa se aferró a la cobija de la cama donde fue ultrajada sin piedad, y en el silencio de la oscuridad provocada, escuchaba el gemir de las otras colegialas que también padecÃan el mismo infierno.
NOCHE DE CHICAS
Aprovechando que el fin de semana habÃa llegado, las compañeras de cuarto que residÃan en el viejo edificio de la Zona Centro planearon divertirse porque la ocasión lo ameritaba: estaban recibiendo visita de Monclova y decidieron brindar en grande por tan especial encuentro.
Justo cuando caÃa la noche saltillense, una turba de pubertas se apostó en el exterior de la habitación marcada con el número 27, la misma que se convertirÃa en escenario de la trágica maldad que las alcanzó de repente.
Entre la euforia del reencuentro escolar, las féminas gozaban el momento que les hizo olvidarse del mundo, porque la escuela habÃa quedado en un receso obligado y sus deseos de convivir se agrandaban a cada momento.
Asà transcurrió la noche que prometÃa ser histórica, con los rÃos de refresco donde se sumergÃan las menores que ahogadas en sus charlas triviales no advirtieron la presencia del enemigo, en un error de apreciación que las marcarÃa por el resto de su vida.
Desde la ventana del apartamento de Ariana, el movimiento de los autos que transitaban por la calle emanaba el ruido que se perdÃa con la música estridente que retumbaba entre las paredes de la habitación, donde la felicidad de las estudiosas parecÃa ser absoluta.
Pero la algarabÃa de estas se morirÃa atrozmente, cuando el terror tocó a su puerta en forma de hombre y sin que pudieran advertirlo entró al cuarto, dando forma a la desgracia donde las melodÃas se transformaron en llanto con el amanecer del sábado.
Con la euforia a flor de piel, las colegialas recordaban los pasajes de su corta vida en las colonias de Monclova donde habÃan crecido. Aún no llegaban a la mayorÃa de edad, pero el destino se habÃa encargado de reunirlas en la capital del estado.
TRÃGICO DESTINO
Visualizando su reunión como la mejor del año, las aspirantes a maestras se dejaron llevar por el momento, traicionadas por la nostalgia que ya entrada la madrugada les hizo descuidar el nicho donde se divertÃan sin freno.
Al mismo tiempo, dos parranderos que radicaban cerca deambulaban por los pasillos del inmueble que daba a Pérez Treviño, ingresando con naturalidad tras ser “empujados†por los efectos del alcohol que se estaban bebiendo.
Tras notar que el acceso de uno de los departamentos estaba abierto, los desconocidos se metieron para seguir su parranda atraÃdos por el ruido rÃtmico que emanaba de la pieza habitacional donde se atascarÃan de cuerpo ajeno.
Entre la lluvia de murmullos que atestaban el sitio, los visitantes incómodos divisaron a la muchedumbre que les pareció atractiva, acercándose a esta para provocar la histeria de las mujeres que aterrorizadas, intentaron llamar a la PolicÃa.
Para su triste suerte, la lujuria se habÃa apoderado de los rijosos que, convencidos de su deseo, cerraron la puerta para dar paso a la barbarie que concretaron aprovechando su superioridad fÃsica, sin que nadie pudiera detenerlos.
Jadeando el placer prohibido que ya tenÃan tatuado en la mente, los rijosos se abalanzaron contra las estudiantes para hacerlas suyas; los gritos de dolor que las vÃctimas lanzaban al aire se perdÃan entre las melodÃas que el estéreo de ocasión lanzaba sin parar.
Maniatada del cuerpo pero también del alma por el horror que sentÃa, Ariana suspiró como queriendo serenarse aunque todo estaba dicho: encima de ella estaba uno de los sujetos que la humilló sexualmente frente al resto de sus amigas.
Luego de que los violadores huyeron con sus miserias satisfechas, las colegiales tomaron el teléfono entre un mar de llanto para notificar sobre su desgracia a las autoridades, que respondieron con el envÃo de una cuadrilla policial que nada pudo hacer para resolver el crimen de género.
Durante varios dÃas, el hermetismo invadió el inmueble repleto de alumnas que se sometieron al terror de los acontecimientos, aunque sólo el paso del tiempo borró la sombra de los chacales que saciaron sus bajezas bajo el manto de la madrugada.
Decidida a no repetir su infortunada odisea, Ariana regresó a su tierra para concluir los estudios que no pudo concretar en Saltillo debido a la maldad de sus “vecinos†que se llenaron de sexo con el sello de la impunidad.