Durante las vacaciones, y ante la imposibilidad de no poderlos llevar a un curso de verano, muchos padres recurren a los teléfonos móviles, tablets y otros dispositivos electrónicos para mantener entretenidos a sus hijos, sin dimensionar las consecuencias.
El incremento de la tecnología en la formación de niños y adolescentes puede traer consecuencias negativas en su salud física, mental y emocional, como problemas de sueño, irritabilidad, problemas de atención, dificultad en las habilidades sociales, aislamiento social y mucha ansiedad.
La exposición prolongada a pantallas puede provocar fatiga visual, dolores por la mala postura, y sedentarismo, contribuyendo al sobrepeso infantil, presente en hasta 40% de la población infantil y juvenil.
Según un informe del Observatorio de Tecnologías y Desarrollo Infantil, el tiempo promedio que los niños entre 6 y 12 años pasan frente a una pantalla se ha duplicado, en comparación con el periodo escolar, superando las cinco horas diarias en muchos hogares.
De hecho, la Asociación Mexicana de Pediatría advierte que, en periodos vacacionales, los menores pueden pasar hasta ocho horas diarias en los dispositivos, muy por encima de las dos horas recomendadas.
Estudios de la Unesco afirman que cerca de 30% de los menores de 6 a 13 años que usan esta tecnología, no tiene control parental, lo cual los hace altamente vulnerables a riesgos digitales.
iZN