
Acuña, Coahuila.-Don Chuy, como era conocido por la comunidad y por funcionarios públicos el hombre que boleaba zapatos por el estacionamiento de la presidencia municipal de Acuña, fue encontrado sin vida en un domicilio de la colonia 5 de Mayo el pasado jueves 31 de octubre.
Tras varios días de permanecer en las instalaciones del SEMEFO sin que ningún familiar se presentara a reclamar su cuerpo, la periodista local Vicky Alemán decidió tomar acción. Movida por un profundo sentido de humanidad, Alemán comenzó a tocar puertas, buscando apoyo entre funcionarios y ciudadanos para evitar que el cuerpo de Don Chuy fuera sepultado en una fosa común, como ocurre con tantas personas sin recursos ni familiares que reclamen sus restos.
Fue así como la cadena de solidaridad comenzó a crecer. Diversas personas se sumaron a la causa, contribuyendo con lo que podían para ofrecerle a Don Chuy una sepultura digna. Una funeraria local, en un acto de generosidad, donó el ataúd, mientras que el comandante Salas, de la Policía del Estado de Coahuila en Acuña, encabezó el cortejo fúnebre.
Además de aportar varios ramos de flores, el comandante y sus compañeros de la corporación se encargaron de trasladar el ataúd y de darle cristiana sepultura a Don Chuy en el Panteón Amistad Eterna, siendo esta su última morada donde su vida fue honrada con el respeto que todo ser humano merece.
A pesar de que nadie conocía detalles profundos de su vida, las personas que recibieron sus servicios como boleador de zapatos recuerdan con cariño las conversaciones que mantenía mientras realizaba su labor. Algunos afirmaban que, entre las charlas informales, Don Chuy mencionaba que tenía un hijo, pero nunca fue posible confirmar la existencia de este familiar, y los esfuerzos por localizarlo después de su fallecimiento resultaron infructuosos.
Lo que sí es cierto es que en su partida, Don Chuy no estuvo solo. Un pequeño grupo de personas, que quizás no conocían su nombre completo, pero sí su rostro y su labor, se unieron para asegurarse de que su partida no fuera olvidada ni dejada en el anonimato y tuviera una despedida acorde con su dignidad como ser humano.
RAVS