Encerrado por horas en su habitación, Aurelio Ãngel Baldor debe haber erigido buena parte de esa obra monumental titulada Ãlgebra.
Por:Â Agencia Reforma
Reynosa. - Sepultado al fondo de alguna caja, o empolvado en un rincón junto con viejos volúmenes olvidados de la biblioteca familiar, puede que aún conserve un libro que, sin ser de horror, le haya atormentado a usted, a sus padres y hasta a sus abuelos.
Aquella mole de 574 páginas con un persa barbudo y de turbante rojo en la portada, el primero a quien culpar o hasta maldecir a la hora de tener que resolver una ecuación del tipo 5x = 8x – 15 o hallar la raÃz cuadrada de 16x² – 24 xy² + 9y³.
La clase de problemas capaces de colarse a sus dÃas de vacaciones por algún maestro que pedÃa, para el regreso a clases, hacer entre tales y cuáles ejercicios “del Baldorâ€; el Ãlgebra de Baldor, como es tradicionalmente conocido el memorable tomo.
“En eso creo que radica que tanta gente o lo ame o lo odie. Porque habÃa gente que solita ante ese libro de plano ni podÃa ni entendÃa, y eso te lleva cada vez más a rechazarlo y a abominarlo. Y habÃa gente a la que le parecÃa que con eso sà aprendÃaâ€, comenta en entrevista telefónica la matemática Paz Ãlvarez.
Más allá del cálculo posible sobre si son más quienes lo detestan o quienes lo recuerdan con afecto, Ãlvarez parte por esclarecer que el responsable de este compendio de problemas heredado de generación en generación, ese tal Baldor, no es el hombre al frente del libro, que en realidad es Al-Juarismi, matemático, astrónomo y geógrafo persa del siglo 9.
Sino el abogado, educador y matemático cubano Aurelio Ãngel Baldor, fundador, director y jefe de la Cátedra de Matemáticas del Colegio Baldor, en su natal Habana, autor del texto que desde 1941, hace ya 80 años, ha aterrorizado o apasionado a incontables estudiantes latinoamericanos, llegando a ser “el libro más importante para la enseñanza del álgebra en idioma españolâ€, según lo define Grupo Editorial Patria.
“Es una obra extraordinariamente bien hecha e inmensa. No sé ni qué adjetivo ponerle. Es monumentalâ€, lo califica Ãlvarez, doctora en matemáticas con 31 años de experiencia docente en la Facultad de Ciencias de la UNAM.
“(Baldor) se dio a la tarea no sólo de escribir un libro que tiene 39 capÃtulos y casi 6 mil ejercicios, sino además de resolverlos y poner la soluciónâ€, expone. “No conozco la primera edición cubana, no sé si hasta fue una edición medio casera hecha por el propio autorâ€.
Una sencilla carátula roja envolvÃa al volumen antes de la icónica versión con el retrato del persa, lanzada luego de que el matemático cubano vendiera en 1948 los derechos de su obra -la más famosa de entre las que publicó, incluÃdas una de Aritmética y otra de GeometrÃa y TrigonometrÃa- al sello mexicano Publicaciones Cultural.
Monumental, sÃ, como dice Ãlvarez, y basta con un vistazo al contenido: suma, resta, signos de agrupación multiplicación, división, teorema del residuo, ecuaciones enteras de primer grado con una incógnita, descomposición factorial, máximo común divisor y mÃnimo común múltiplo, fracciones algebraicas y operaciones con ellas, ecuaciones numéricas fraccionarias de primer grado con una incógnita, etcétera.
No hay ningún aspecto de lo que se ve en álgebra de secundaria y de prepa que no toque; es muy completo. Y tiene en cada uno de los temas una explicación clara muy cortita y un par de ejercicios resueltos para que uno vea de qué va. En ese sentido, particularmente para los maestros era una gran ayuda porque ahà estaba todoâ€, expresa Ãlvarez.
El éxito está en eso: está muy bien hecho, muy conciso; no tiene más palabras de las que necesita para describir las reglas. Y entonces uno puede llegar y ver lo mÃnimo necesario para poder resolver el problema que uno quiere. Por eso tuvo mucho éxito, es un libro muy bien escritoâ€, opina, por su parte, el también doctor en matemáticas Javier Elizondo.
“Para el investigador del Instituto de Matemáticas de la UNAM, el Ãlgebra tuvo su mayor éxito en los años 60, 70 y parte de los 80.
Yo no lo llevé nunca como un libro de texto; sin embargo, sà me fue muy útil en secundariaâ€, cuenta. “Pero en los años 60 y hasta los 80, yo siempre conocÃa a alguien que su libro de texto en primero de preparatoria fue precisamente el Ãlgebra de Baldorâ€.
“Hacia 2004, el tÃtulo figuraba entre los más vendidos en el mercado pirata nacional -ofrecido en 150 pesos, contra los 250 que costaba el original-, de acuerdo con el Centro Mexicano de Protección y Fomento de los Derechos de Autor (Cempro).
Un año antes, la ProcuradurÃa General de la República (PGR) habÃa decomisado en un operativo en Michoacán 575 copias apócrifas del Ãlgebra (REFORMA 12/07/2004).
Al dÃa de hoy, el libro encabeza el top de ventas en la categorÃa de Ciencias y Matemáticas de Amazon México, por delante de Fundamentos de programación, de Luis Joyanes Aguilar, y QuÃmica orgánica. Volumen 1, de Leroy G. Wade. Aritmética y GeometrÃa y TrigonometrÃa, que completan la serie Baldor de Grupo Editorial Patria, ostentan el octavo y quinto lugar, respectivamente.
Por 420 pesos se puede obtener por esta vÃa la cuarta y última edición del libro, realizada en 2019. Dos años antes, de cara al 70 aniversario de la adquisición de los derechos de la obra, el sello la reeditó dándole una apariencia más colorida e ilustrada, e incorporando códigos QR que llevan a una serie de videos explicativos.
“Por muchÃsimos años no se le cambió ni una coma. Creo que alguna vez que le dieron una revisada exhaustiva encontraron un par de dedazos. De verdad es una obra muy impresionanteâ€, remarca Ãlvarez.
Vigencia: ¿Memorizar y repetir, o razonar y entender?
Aunque el tema de las ventas y reediciones parece hablar del papel que aún ocupa en las aulas la obra magna de Aurelio Baldor, el debate en torno a la enseñanza de las matemáticas pone en duda su pertinencia como libro de texto.
Y es que el Ãlgebra está afincado en un modelo de aprendizaje que funciona a partir de memorizar fórmulas, mecanismos y algoritmos para la solución de problemas. Mas en las últimas décadas se ha perseguido un cambio en la educación para que el alumnado empiece a razonar y comprender.
“(Con el Ãlgebra), claro, uno se aprende unas ciertas reglitas y puede entonces aplicarlas muy rápidamente, pero es una cosa algorÃtmica. Nunca se explica el por qué tiene que ser asÃ, Baldor no lo explicaâ€, apunta Elizondo.
“Últimamente se ha criticado y se ha dejado de usar mucho precisamente porque uno no aprende a razonar, sino aprende a usar ciertas reglas con una forma algorÃtmica, que es una forma muy antigua. Y actualmente se trata de cambiar mucho la educación, en donde el estudiante, en un cierto sentido, aprenda a hacer investigación de matemáticas desde niñoâ€.
A decir de Ãlvarez, se trata de un problema de fondo en torno a la enseñanza de las matemáticas que trasciende al propio tÃtulo de Baldor, que en el contexto en que fue escrito cumplÃa perfectamente con las expectativas.
“El problema empezó como una discusión entre si con mecanizaciones era suficiente o cómo se construÃa el conocimiento dentro de cada uno de los alumnos, que no son un cubo vacÃo que tienes que llenar de cosas, sino que tienen que construir su propio conocimiento.
“Creo que mucho de lo que se le critica al Baldor es desde esa óptica, perdiendo de vista que tiene 20 o 30 años más que el inicio de esta discusiónâ€, dice la matemática. “Si lo criticamos desde la óptica del propio libro, a lo mejor más bien la bronca era soltar a los chavos con el libro; o sea, que faltara el acompañamiento del maestroâ€.
Y es que, continúa, se debe tener cierta madurez para poder afrontarlo en solitario, como ella constató con una persona que a sus 30 años no habÃa terminado secundaria y bachillerato, y al hacerlas en sistema escolarizado abierto aprovechó el Ãlgebra para ponerse al dÃa, “y estaba feliz de la vidaâ€.
“Pero es que es diferente, era una decisión propia. Dejar a chavitos de 13, 14, 15 años solos con el libro, pues sà puede ser totalmente desmotivanteâ€, advierte.
“Yo lo veo asÃ: aún hoy dÃa creo que puede ser un gran apoyo en términos de ejercicios bien hechos; o sea, de verdad está muy bien hecho. Pero no puede ser lo único. Necesitas discusión, escuchar a los chavos, entender qué es lo que no están entendiendoâ€.
¿Se ha superado ya este modelo de memorizar y repetir?
Te puedes encontrar de todo. Hay gente, profesores en activo, autores de libro, que te pueden decir: “Mira, quien lo va a entender, lo va a entender; y quien no, no. Mejor que aprendan a hacer muchos problemas, que es lo que les va a servirâ€.
Creo que parte de lo que nos ha pasado a la gente que nos dedicamos a cosas de enseñanza es poder balancear un poco más este rollo de entender y saber hacer.
Para Elizondo, si bien algunas de estas dificultades están muy presentes en otras áreas, como la fÃsica, ahà se cuenta con la ventaja de que al realizar experimentos en el laboratorio varias cosas pueden quedar mucho más claras.
“Pero en matemáticas no existen los laboratorios. Entonces, se vuelve una cosa mecánica en donde si tienes una capacidad abstracta de poder manejar los simbolismos y después poderlos concretar en ejemplos, entonces se te hace fácil y te gusta hacerlo, aunque sea rutinario.
“Pero cuando un alumno no entiende, en el fondo tiene que ver con que nosotros no hemos enseñado a ese alumno a descubrir, a razonar, a pensar como piensa un investigador en matemáticas, y eso lo podemos hacer desde primaria. Es posible hacerlo, no es fácil; significarÃa hacer un cambio radical, y por desgracia vamos muy lento en eso en Méxicoâ€, lamenta el matemático.
Ambos profesionales coinciden no sólo en la necesidad de valorar el Ãlgebra desde su propio contexto -“de todos los libros que habÃa era el mejorâ€, sostiene Elizondo-, sino en su actual utilidad prácticamente como un completÃsimo manual dónde encontrar respuesta para distintos problemas.
“Colaboró en la labor de los maestrosâ€, subraya Ãlvarez. “Pero seguramente también hizo que gente estudiara algo que nada, nada tuviera que ver con matemáticas; cosa que, por cierto, no existe, pero a la hora de elegir a qué dedicarse optaron por algo que nunca más tuviera que ver con matemáticasâ€.
Exiliado de la Revolución
Encerrado por horas en su habitación, Aurelio Ãngel Baldor debe haber erigido buena parte de esa obra monumental titulada Ãlgebra en la casa grande y lujosa en las playas de Tarará, en La Habana, donde vivÃa con su esposa, sus siete hijos y la nana de éstos.
Nacido el 22 de octubre de 1906 en la capital cubana, el apacible abogado y matemático de 1.95 metros de altura tenÃa muy buena posición en la isla a partir de su labor docente, particularmente como fundador del Colegio Baldor, que tenÃa 3 mil 500 alumnos.
“Era el educador más importante de la isla cubana durante los años 40 y 50″, lo calificó su hijo Daniel en una entrevista publicada en la colombiana Revista Diners, en enero de 2003.
A decir del tercero de los siete hijos del matemático, el propio Fidel Castro acudió personalmente al Colegio a “ofrecerle la Revolución†al director. “Fue a decirle a mi padre que la Revolución estaba con la educación, y que le agradecÃa su valiosa labor de maestro… pero ya estaba planeando otra cosaâ€.
“Con la Revolución, pues todo lo que fue educación y salud -en lo que Cuba tiene primerÃsimo lugar no sólo en América Latina sino casi en el mundo- se hizo estatalâ€, recuerda la matemática Paz Ãlvarez. “Entonces, pues sÃ, una escuela particular (como el Colegio Baldor) obviamente fue nacionalizadaâ€.
“A la educación en Cuba, claro, se le quitó la privacidad. El Estado ya habÃa empezado a poner los temarios, los libros y todo. Y creo que él (Baldor) no podÃa aceptar eso, como muchos otros. Salieron artistas, salieron cientÃficos en ese momento, y lo natural era irse a Estados Unidosâ€, apunta el matemático Javier Elizondo.
Tras librar un par de órdenes de detención, una de ellas gracias al aprecio de uno de los revolucionarios, Baldor y su familia partieron en 1960 primero a México, donde pasaron 14 dÃas antes de trasladarse a Nueva Orleans, Estados Unidos.
Posteriormente, instalados en Nueva York, el matemático tomó junto con sus hijos clases de inglés, y al poco tiempo ya estaba enseñando en el Colegio San Pedro o en la Academia Stevens, ambas en Nueva Jersey.
Asiduo fumador, Baldor murió por un enfisema pulmonar en abril de 1978 en Miami, donde vivÃa retirado junto con su esposa Moraima Aranalde, fallecida ella en abril del año pasado, a los 106 años.
Además de su numerosa descendencia -15 nietos y 10 bisnietos, cuando menos-, el mayor legado del matemático está en esa obra que al dÃa de hoy, 80 años después, aún espanta y aficiona. En sus 6 mil ejercicios, explicaciones y soluciones pervive, quebrando cabezas, aunque el que se quede con las maldiciones y reclamos sea el persa del turbante rojo.