Dijo que su capacidad de llegar a los pobres a través del rÃo en Ciudad Acuña se ha reducido, debido a cambios en las polÃticas de Estados Unidos.
Por AgenciasÂ
Eagle Pass, Texas.- Al sur del puente internacional en Del RÃo, la valla fronteriza termina contra el alambre de púas de la propiedad de Allen Ehlers, el pastor de la Misión Internacional de Fe.
Cada dÃa por la mañana se dirige a sitios de su propiedad, donde normalmente encuentra inmigrantes escondidos en la casa de su perro o en su caseta de madera.
Ahora la valla fronteriza es parte de la vida diaria, pero ya no es el tema candente que fue cuando se inició la construcción, cuando propietarios de tierras y los funcionarios locales luchaban contra el Gobierno federal, con respecto al lugar donde se colocarÃa, debido a sus afectaciones a la propiedad privada.
Detener el flujo
La situación en la frontera sur ha cambiado drásticamente en los últimos años, dijo David Aguilar, excomisionado interino del CBP, que se desempeñó como jefe de la Patrulla Fronteriza cuando la mayorÃa de la valla fue construida, en la segunda mitad de la década anterior.
“El sistema de vigilancia de la frontera que fue desarrollado, los mil kilómetros de cerca, la duplicación de la Patrulla Fronteriza, la mejora de la inteligencia, fueron construidos para un entorno muy especÃfico.
“El ambiente en la frontera en ese entonces estaba cargado de narcóticos pesados, y un muy pesado flujo de personas que llegan al paÃs de manera ilegalâ€, comentó Aguilar, ahora un director de una firma de consultorÃa de seguridad global y estrategias innovadoras. “La gran mayorÃa de inmigrantes eran de nacionalidad mexicana, el 92, el 95 por cientoâ€.
Los inmigrantes siguen llegando a través de la frontera sur, y la tasa de adicción a las drogas en Estados Unidos no ha cambiado en las últimas décadas, a pesar de cada vez mayor gasto en la batalla contra los narcóticos.
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Cualquier objeto abandonado en los ranchos sirve de refugio provisional para los migrantes.[/caption]
Impacto total
Si la promesa del muro fronterizo de Trump se hace realidad, es aquà donde el impacto se sentirÃa con mayor intensidad.
“No quiero a Hillary. Soy propietario de un arma de fuego, cazador y un pescador, pero no estoy loco como Donald Trump, porque no quiero un muro en este maldito rÃoâ€, comentó Dave Rosser, de 76 años, habitante de Vega Verde, cercano a Del RÃo y la presa La Amistad.
Una encuesta realizada por la Escuela Cronkite de Periodismo de la Universidad del Estado de Arizona, y el Dallas Morning News, encontró que 65% de los residentes de la frontera sur se opone firmemente al muro, y sólo 14% favorece su edificación.
Entre los opositores está Javier Mancha, un ranchero de Eagle Pass que tiene la propiedad cerca de la pequeña comunidad de El Indio.
Él ve a los inmigrantes con regularidad, incluso deja abierta la reja de su propiedad para que puedan acceder a agua potable.
Sistema funcional
El capataz del rancho Cage, en El Indio, James Smith, dijo que está cansado de la inmigración ilegal. No tiene miedo de los inmigrantes ni de la acción frecuente de los traficantes de droga.
A Smith le gustarÃa ver un sistema más funcional para que la gente llegue a trabajar legalmente.
Incluso entre los partidarios de Trump, el muro fronterizo no es particularmente popular. Smith considera que esta edificación no traerÃa algún beneficio.
Antonio Castañeda, exjefe de la PolicÃa de Eagle Pass, comentó que la construcción de un muro fronterizo es “una idea estúpidaâ€.
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Desde Piedras Negras se atestiguan los intentos ilegales de llegar a EU.[/caption]
Traficantes
En el Valle del RÃo Grande, con sus caminos, canales de riego y tierras de cultivo corriendo hasta el rÃo Bravo, es el centro de la confrontación entre traficantes y ciudadanos comunes.
Una tarde, hace unos años, dos hombres que portaban armas largas aparecieron en las orillas del rÃo, en la granja de Ruperto Escobar, en la ciudad de Escobares. Los pistoleros le notificaron que necesitaban la granja para sus actividades ilÃcitas esa noche.
No era la primera vez que Escobar habÃa sido abordado por el uso de su propiedad para el contrabando, pero decidió no participar. “Es por eso que no vamos allà por la nocheâ€.
Desde que alguien quemó la bomba el mes pasado, ha estado pensando más acerca de la seguridad en la zona.
Una pared podrÃa retardar el paso de la gente, dijo Escobar, de 72 años, pero no los detendrÃa. Además no hay mucha actividad, ilÃcita o de otro tipo, que se escape del alcance de la pared virtual, señaló en alusión a la vigilancia satelital.
Texas cuenta con el mayor tramo no cubierto por el muro existente en la frontera.