La Red Nacional de Jornaleros (RNJA) presentó una serie de testimonios que relatan la terrible situación en que viven sus integrantes: abuso laboral, muertes e incluso desapariciones masivas.
Por: Proceso
Ciudad de México.- Cada año, cerca de un millón de mexicanos salen de sus comunidades para convertirse en jornaleros agrÃcolas en los campos del norte del paÃs; ahÃ, algunos enfrentan la explotación infantil, el engaño y las mentiras, el trabajo forzado o a destajo, el hacinamiento en viviendas insalubres o la obligación de hacer las compras en la “tienda de rayaâ€.
De acuerdo con la Red Nacional de Jornaleros y Jornaleras AgrÃcolas (RNJA), esta población permanece “invisible†en la sociedad, por lo que los crÃmenes terminan, en general, sin castigo.
En la impunidad quedaron, por ejemplo, dos casos de desaparición masiva de jornaleros agrÃcolas: uno ocurrió en 2004 y otro el 2010. En el primer caso alrededor de 200 personas originarias de Mazatlán Villa de Flores, Oaxaca desaparecieron camino hacia los campos de Sinaloa; el segundo, cuando cerca de 40 jornaleros desaparecieron en la frontera limÃtrofe de San Luis Potosà con Tamaulipas.
En un campo de Sonora, un joven se quejó por dolores de cabeza. La empresa se negó a trasladarlo a un hospital. Sus compañeros juntaron dinero para enviarlo a Hermosillo. Llegó demasiado tarde para ser atendido y falleció.
Desde principios de año, la RNJA documentó nueve casos de fallecimiento por falta de atención médica en zonas agrÃcolas, algunos de los cuales involucraron a niños y adolescentes.
Estos son unos de los testimonios aterradores de jornaleros que representantes de la RNJA presentaron este martes 28. “Son historias de terror que no pasarÃan si la polÃtica social se enfocara hacia los derechos sociales y no fuera tan asistencialistaâ€, según Margarita Nemecio, coordinadora de la red.
“Las violaciones son constantes y sistemáticas –dijo–. Nos preocupa que no los veamos estos testimonios cuando tenemos hortalizas en la mesa… es más común ver el mole que la mano de obraâ€, y denunció la “invisibilidad†que padecen los jornaleros agrÃcolas migrantes, y que los somete a condiciones de vulnerabilidad todavÃa mayores.
La red pidió al gobierno mexicano que proteja los derechos de los trabajadores a través de la elaboración de un registro de las migrantes jornaleras agrÃcolas en el paÃs, el ingreso de los migrantes internos al sistema de seguridad social, y el abandono definitivo del “estigma y la criminalización†hacia ese grupo social, entre otros.
Las recomendaciones están dirigidas a la SecretarÃa de Desarrollo Social (Sedesol) y la SecretarÃa del Trabajo y Previsión Social (STPS), las dos instituciones encargadas de garantizar el respecto a los derechos de los jornaleros agrÃcolas.
Según la doctora MarÃa Antonieta Barrón, investigadora en la UNAM, no es casualidad que los jornaleros provengan en su mayorÃa de Chiapas, Guerrero y Oaxaca, las tres entidades más azotadas por la miseria en el paÃs, donde 70% de la población en promedio vive en la pobreza o la pobreza extrema.
En estos tres estados, más de seis de cada 10 habitantes tienen un ingreso laboral que no alcanza para comprar los insumos de sobrevivencia contemplados en la canasta alimentaria, de acuerdo con un estudio que dio a conocer el lunes 27 el Consejo Nacional de Evaluación de la PolÃtica de Desarrollo Social (Coneval).
AhÃ, deploró la académica, “las condiciones de vida son aterradoras, y la polÃtica social no está impactando en el combate a la pobrezaâ€.
Relatos de la infamia
Para los jornaleros migrantes, el acceso a la justicia resulta difÃcil: en general, las agencias del Ministerio Público se encuentran a varias horas del campo de trabajo –acudir a ellas implica perder dÃas de trabajo–, y cuando logran interponer una denuncia, las autoridades suelen tardarse varios meses en resolverlos, mientras que los jornaleros permanecen en el lugar durante temporadas relativamente cortas. Por ello, “la mayorÃa de los casos no se denuncianâ€, insistió Gómez.
Por si fuera poco, las instancias de justicia tienden a analizar los casos de los jornaleros desde el punto de vista laboral y no penal, comentó Jesús Carmona Sánchez, secretario técnico de la organización potosina Respuesta Alternativa.
Otros sufren engaños por parte de las redes de reclutadores que operan en las comunidades remotas del paÃs. En su relato, un jornalero chiapaneco explicó que, para engancharlos, los reclutadores de una empresa en Sonora le prometieron salarios de hasta 100 pesos por dÃa, con comida y alojamiento incluidos.
Sin embargo, al llegar ahà debÃan pagar 360 pesos semanales para la alimentación, y todos los dÃas cargaban botellas de dos litros de agua sucia para beber.
Algunos casos documentados denuncian que las viviendas donde descansan los trabajadores agrÃcolas son insalubres, y no cuentan con las necesidades básicas como el agua o la luz; duermen en situación de hacinamiento y promiscuidad, pues hombres y mujeres comparten los espacios.
Margarita Nemecio contrastó las declaraciones oficiales según las cuales el trabajo infantil está prácticamente erradicado en México, pues aseveró que todavÃa existe, y que en general las polÃticas públicas aplicadas agudizaron la situación.
Explicó que, para evitar problemas, patrones agrÃcolas niegan el acceso de menores de edad a los campos, por lo que muchos niños se encuentran afuera, sin ocupación ni becas para la escuela.
“No hay cifras confiables que demuestren cuántos (de estos niños) realmente tienen acceso a la educación, a la alimentación, a la salud, a la seguridad y a albergues dignosâ€, expuso.
Y no sólo esto: en su camino hacia los estados productores de hortalizas, algunos jornaleros sufren extorsiones por parte de policÃas o agresiones de agentes del Instituto Nacional de Migración (INM), quienes a veces los confunden con migrantes.
Pedro Roberto Gómez López, representante de la organización sonorense Yosonovico, leyó testimonios aterradores de jornaleros migrantes indÃgenas tzeltales originarios de Chiapas, quienes fueron detenidos en septiembre de 2015 por agentes del INM mientras viajaban en el autobús que los llevaba a Guaymas, en Sonora.
Los agentes afirmaron que sus actas de nacimiento eran apócrifas y los encarcelaron en el centro de detención migratoria de Querétaro, donde a uno le aplicaron toques eléctricos y otras vejaciones para que confesara que era de origen salvadoreña. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos tomó cartas en el asunto y emitió la recomendación 58/2015, en la que condenó las acciones de los agentes.