
Ayer en la Plaza México en los Duelos Taurinos.
Por FRANCISCO VARGAS M Los novilleros aguascalentenses José María Pastor y José María Hermosillo a pesar de no haber tocado pelo este domingo en la Plaza México, en lo que fue otro festejo de los Duelos Taurinos âSoí±adores de Gloriaâ, tuvieron una solvente y aceptable actuación por lo que escucharon palmas respectivamente.
En tarde agradable y aceptable entrada en el coso de Insurgentes; se lidiaron novillos de la ganadería de El Junco, bien presentados pero de poco juego en su conjunto.
Arturo Soto con su primero de nombre âCanarioâ, con 422 kilos, buscó la variedad con capote, destacando su quite que ejecutó. Con muleta inició por bajo, probando después por el izquierdo para arrancar muletazos con calidad, estando con firmeza, viniendo buenos pasajes, sobre todo porque el novillo tuvo la voluntad de repetir entre muletazo y muletazo. Con la diestra trazó pases enfibrados, conectando con el público. No tuvo suerte con la espada retirándose en silencio, escuchando dos avisos.
Su segundo âPalomoâ, le ofreció menos opciones, estando una vez más voluntarioso, teniendo una actuación solvente para palmas.
José María Pastor con âDon Bernardoâ, de 427 kilos, se lució en su quite por chicuelinas que remató con una revolera. Cubrió el segundo tercio de manera efectiva. En su trasteo muleteril se estrelló con las pocas opciones que tuvo el novillo, sin recorrido y transmisión; dejando voluntad y deseos de agradar esbozando pases aislados con calidad. Mató al primer viaje para retirarse entre palmas.
âJilgueroâ, con 418 kilos, fue el quinto del festejo, un novillo al que Pastor saludó con una larga cambiada de rodillas para después lucirse en su quite por tafalleras. Tomó nuevamente banderillas dejando tres buenos pares. El novillo tuvo poco recorrido, pero Pastor puso la calidad que faltó, cuajando una faena con empaque, logrando pases que tuvieron gran eco, cerrando con bernardinas ceí±idas. Falló con la espada para palmas. José María Hermosillo con âGavilánâ, de 428 kilos, un novillo al que le faltó un punto de transmisión, estuvo con actitud y ganas de agradar, haciendo las cosas con oficio, buscando siempre estar en el sitio correcto. Las fallas con la espada lo privaron tocar pelo retirándose en silencio.
Su segundo no ofreció opción alguna para el lucimiento pese a la voluntad que puso tanto en capote y muleta. Se retiró entre palmas.