
El fantasma de la mujer se alimenta del miedo de sus víctimas.
Por: Ivón Ibarra García
Héctor llegó a su trabajo pensando que sería un día como cualquiera, sin saber que ese lunes le iba a pasar algo inexplicable. Era medianoche cuando por fin terminó su turno y salió a tomar un taxi para volver a su casa muy tranquilo y sin preocupaciones. Siempre esperaba a que el taxi lo dejara en la puerta de su casa, pero ese día quizo sorprender a sus hermanos y a su madre comprándoles jugos y golosinas, así que le pidió al taxista que lo dejara en el Oxxo que se encuentra en contra esquina del parque Abraham Curbelo, a dos cuadras de su casa y de ahí caminaría.
Era invierno y pensó que seguramente en su casa ya estaría durmiendo, no sólo por el frío sino porque sus hermanos pequeí±os tenían terror a salir después de esa hora, pues corría la historia de que luego de las 12 am se escuchaban los pasos de una mujer en tacones que perseguía a los hombres y si los alcanzaba, algunos llegaban a morir del miedo.
Héctor recordó la historia cuando cruzaba la calle Miguel Negrete hacia la iglesia Cristo Rey, pero pensó que eran tonterías de nií±os asustadizos.
Estaba sumido en sus pensamientos cuando repentinamente se empezó a sentir un viento helado que calaba profundo, él se acomodó la chamarra y cruzó los brazos intentando cubrirlos del frío.
En esto estaba cuando escuchó unos pasos en tacones, volteó cautelosamente, los pasos se escuchaban acompasados a su mismo ritmo. íl siguió caminando acelerando el paso y notó que los pasos hacían lo mismo, cuando se preparaba para correr escuchó una carcajada de mujer que lo congeló de pies a cabeza, sólo por unos segundos pues la adrenalina recorrió todo su cuerpo y lo hizo correr como nunca en su vida. Con horror notó que los pasos lo seguían justo detrás de él, tan cerca que sentía un aliento justo atrás de su cuello.
Por fin llegó a su casa, entró tan rápido azotando la puerta, tan fuerte que su madre y hermanos despertaron de inmediato, casi sin aliento les contó que la mujer de los tacones lo venía persiguiendo. Su madre de inmediato se asomó a la calle pero esta lucía completamente desierta.
Al día siguente le contó al taxista lo que había vivido. Cuando terminó de platicarle la historia, le dijo: "caray que bueno que la libraste porque esos son espíritus que andan penando en las noches y que se alimentan del miedo que infunden y si mueres de miedo por causa de estos, tu alma está destinada a penar por siempre".
En cuanto acabó la frase, ambos escucharon una carcajada macabra a lo lejos y de inmediato se pusieron a rezar por la persona que en esos momentos era perseguida por el alma de la mujer con tacones.