‘Ustedes necesitan el empleo. Yo no’: los 10 comunicados del jefe más gruñón del mundo

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Edward Mike Davis dirigía una empresa petrolífera en Texas a finales de los 70, la Tiger Oil Company.

Por Agencias 

Estados Unidos.- La Tiger Oil Company fue una empresa petrolífera de pequeño tamaño con sede en Houston. A finales de los setenta, poco antes de entrar en quiebra, su propietario se dedicó a redactar comunicados internos sobre reglas en horario de oficina. Insultos, amenazas de despido, condiciones estrictas… Seleccionamos diez perlas de un jefe que nadie querría tener.

A él le gustaba que le llamasen Tigre y de su carácter ha quedado constancia histórica en forma de los comunicados internos que redactó para aleccionar a la plantilla.

La compañía quebró a principios de los ochenta. Algunas recomendaciones pueden sonar al principio como una reclamación lógica, pero el jefe demuestra muy poco tacto y acaba sus consejos con formas bruscas en el mejor de los casos.

A la vista de la opinión que el consejero delegado tenía de sus trabajadores, seguro que estaría convencido de que ellos tuvieron la culpa del fracaso.

Éstos son los diez comunicados internos más sorprendentes (para ver el resto de 22 documentos revelados, pinchar aquí):

1) SI ENFERMAS, NADA DE SUELDO

“A partir de ahora, a los trabajadores se les descontará de la paga el tiempo que estén enfermos, a menos que yo autorice que se les pague”. (9 de diciembre de 1977)

2) DESPEDIDOS POR CHISMEAR

“Las conversaciones banales y los chismes entre los empleados en la oficina supondrán un despido inmediato”. (11 de enero de 1978)

3) LA BLASFEMIA SOY YO

“Yo blasfemo, pero como dueño de esta compañía, ése es mi privilegio y este privilegio no debe de ser asumido de la misma manera por ningún trabajador. Es lo que me diferencia de ustedes y así quiero mantenerlo. No se podrá blasfemar por parte de ningún empleado, hombre o mujer, en esta oficina… nunca”. (12 de enero de 1978)

4) ESTO ES COMO EL EJÉRCITO

“Cuando vayan en un viaje de negocios para mí eso es lo que espero exactamente que hagan al 100%. No quiero facturas caras, bebiendo y paseándose en el coche con mi dinero. Las llamadas de teléfono sólo serán aceptadas si son de negocios, nada de personales.

Esto se aplicará en geólogos, geofísicos y a quien demonios le interese porque trabaja para mí.

Si no les gusta, pueden hacer lo mismo que les dije a los del anterior comunicado: recogan su paga. Si todo esto no se les ajusta, ni han incumplido nada de esto, no hay por qué preocuparse. Si lo incumplen, corrijan no haciéndolo más. Todo lo que quiero es que todo funcione como un barco ordenadamente… o más que eso, quiero que funcione como el Ejército.

Si no les pago suficiente dinero para hacer esas cosas que quieren hacer con su vida, entonces sugiero que pidan un aumento, se marchen y busquen otro empleo.

No se pasen de listos conmigo, porque voy a mirar fijamente a sus gargantas. Ustedes necesitan el trabajo. ¡Yo no!

“Cuando me vean, no me hablen. Si yo quiero hablar con ustedes, lo haré. Quiero cuidar mi garganta. No quiero arruinarla sólo para decir buen día a ustedes hijos de …”. (13 de enero de 1978)

5) LAS VISITAS SON PELIGROSAS

“Mientras que la sala principal está siendo usada por nuestros auditores, si tienen a un invitado de negocio de visita, tendrán que esconder toda la información antes de que la visita entre en su despacho, y así no podrán robarla o echarle un vistazo.

No dejen el despacho mientras la visita esté dentro. Si les llamo, comuniquen a Jo Ann Wright o a Dorothy Barnes que tienen una visita”. (31 de enero de 1978)

6) NO PERDER EL TIEMPO SALUDANDO

“Este comunicado pretende ser una adenda al que escribí el 12 de enero sobre la gente que me habla. Cualquier supervisor que tenga algo que decirme, sea de día o de noche, la manera más rápida de hacerlo es decírmelo muy despacio. La orden de no hablarme se refería a que no tengo tiempo para detenerme y hablar con todo el mundo (decir hola, adiós, buenas noches, etcétera). A eso me refería. Si tienen que decirme algo de negocios, la manera más rápida es hacerlo muy despacio… de día o de noche”. (22 de febrero de 1978)

7) NO ME ROBEN LOS CARAMELOS

“No me gusta que la gente entre en mi despacho y se sirva por sí misma de mis caramelos, cigarrillos, medicinas u otros objetos personales.

A menos que tengan mi permiso, no está permitido coger nada de mi despacho y particularmente, no coger nada de los cajones de mi escritorio sin mi permiso. No me importa dar nada, pero me gustaría tener el privilegio de saberlo y darlo por mí mismo”. (23 de febrero de 1978)

8) LO SIENTO SI HIERO TUS SENTIMIENTOS…

“Se espera que trabajen un mínimo de ocho horas al día de lunes a viernes. Si no quieren comer la comida que preparamos aquí, no me hacen ningún favor comiéndola. Vayan a comer, y cuando salgan, no os olviden de firmar a la salida y, al volver, firmar a la entrada. Se les concede una hora para comer. Si cuestiones de negocio o algún otro retraso impiden volver en esa hora, por favor tengan la amabilidad de avisar para que yo pueda saber cuándo volverán o cuál es el problema. De esa manera yo no tendré que andar preguntándome si han cumplido las ocho horas.

Este aviso pretende respetar a las personas como personas. Entiéndalo u otras medidas se tomarán para su reemplazo. Lo siento si esto hiere sus sentimientos, pero yo no dirijo un negocio para su beneficio. Espero un mínimo (repito), un mínimo de 40 horas a la semana. Nadie está exento de ello.

Les sugiero, gente, que compren suficientes cigarrillos para poder fumarlos aquí, porque, por Dios, no saldrán ahí fuera a comparlos en mi tiempo”. (10 de abril de 1978)

9) LOS PIES FUERA DE LA MESA

“El mobiliario de esta oficina cuesta dinero. NO PONGAN LOS PIES ENCIMA.

Les pago por su trabajo, no por escurrirse en la silla con los pies encima de la mesa.

Yo no voy a sus casas y pongo mis pies en los muebles, así que no los pongan en los míos”. (20 de abril de 1978)

10) SIN TRUCOS CON LAS VACACIONES

“Como saben, después de un año completo de trabajo, tienen derecho a dos semanas de vacaciones y dos semanas más a partir del segundo año trabajado. Desde ahora, las dos semanas por año deben tomarse una semana cada vez y empezando al final de la semana laboral. No se permitirá más eso de tomar uno o dos días una vez y combinarlos con vacaciones y fiestas.

Si, en mi opinión, te mereces tiempo libre adicional debes conseguirlo si me pruebas que has trabajado lo suficientemente duro como para ello (no intentando ajustar un día por aquí y un día por allá mezclándolo con las vacaciones).

No soy tonto: sé que te puedes tomar dos semanas y alargarlas hasta dos meses prácticamente, así que no insultes mi inteligencia. Pídelas como un hombre. También, en tu ausencia, eres el responsable de que alguien haga tu trabajo por ti”. (25 de septiembre de 1978)

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