Puebla, el epicentro de la desgracia

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En la zona del epicentro del terremoto de magnitud 7.2 que azotó al centro del país, algunas comunidades quedaron devastadas.

Por: Proceso

Puebla.- En la zona del epicentro del terremoto de magnitud 7.2 que azotó ayer al centro del país, algunas comunidades quedaron devastadas.

Es el caso de San José El Platanar, ubicado en el municipio de Chiautla, en Puebla. En este pequeño poblado, instalado sobre cerros boscosos y campos de maíz, prácticamente una de cada tres casas fue destrozada.

Algunas de ellas fueron literalmente reducidas a polvo, como la de Sabino Hernández quien, mientras sus ojos azules miraban en el vacío, apenas articulaba, todavía conmovido.

Su esposa y él salieron corriendo de su domicilio, justo antes de que se derrumbara sobre sí mismo. Desde su nacimiento, en 1942, nunca había vivido un desastre semejante.

Durante el recorrido que realizó Apro este miércoles, voluntarios ayudaban a los habitantes del pueblo a arreglar techos o les entregaban despensas.

Al lado de la iglesia, funcionarios del programa Prospera, operado por la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), regalaban bolsas a las habitantes del pueblo.

 

Sin embargo, la cadena humana que conformaron –para llevar las bolsas desde la camioneta hasta las manos de las señoras, a escasos metros de distancia–, parecía más una puesta en escena.

En las ciudades cercanas al epicentro del terremoto tuvieron una mejor suerte. Las cabeceras municipales de Chiautla y Axochiapan –este último en Morelos–, los estragos del terremoto fueron sobre todo materiales, aunque todavía hay una cantidad indeterminada de víctimas.

De acuerdo con la información oficial, el terremoto cobró una vida humana en Axochiapan: la de la señora Leonor Jaimes, quien estaba orando en la iglesia que colinda con el zócalo cuando el edificio empezó a sacudirse.

La cúpula del templo se derrumbó sobre ella. El terremoto no perdonó a ninguna iglesia del municipio. Y como esta mañana se encontraban acordonadas por cuestiones de prevención, la misa para despedir a Jaimes se celebró en su casa.

En Axochiapan no hubo alarmas sísmicas para advertir a la población de la inminencia del terremoto: la agarró por sorpresa y sin preparación.

Testigos entrevistados por Apro recuerdan escenas de pánico. Ante la violencia del temblor, la muchedumbre salió corriendo de manera errática.

Si bien se rumoró que la ciudad estaba devastada, este miércoles las calles estaban prácticamente desempolvadas y los escombros se amontonaban afuera de las viviendas y bodegas dañadas.

Algunas casas presentaban serios daños. Hugo Reyes Sánchez sacó sus pocas pertenencias –trastes, ropa y un par de muebles– al patio de su humilde casa. No se arriesgará a dormir de nuevo adentro pues la grieta que se abrió en las paredes y los techos no se los permite.

En el hospital general Dr. Ángel Ventura Neri, el temblor fisuró las paredes y en algunas partes derrumbó pedazos del techo.

Un paramédico comentó a esta agencia que la cincuentena de pacientes debió ser trasladada hacia el hospital comunitario de Jonacatepec –el cual, según el paramédico, no tiene la capacidad para atender a tantas personas– y al hospital general de Cuautla.

Axochiapan permanecerá sin hospital hasta que las instancias estatales de salud determinen que esté en condiciones de operar.

“Sabemos que otros estados fueron afectados por el terremoto, pero quisiéramos que tomaran la situación de aquí en serio”, expresó.

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