Opera en Coahuila el ‘cártel negro’

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De acuerdo con la periodista Ana Lilia Pérez, el crimen organizado sigue operando en la industria petrolera con actividades como lavado de dinero, robo de hidrocarburos y extorsiones.

Por: Redacción

Saltillo, Coahuila.- Contrario a las versiones oficiales que refieren la disminución de la delincuencia organizada, los empresarios y contratistas de Pemex expresan que, a pesar de la desarticulación y detención de las cabezas visibles de líderes criminales, “se sigue operando con la misma estructura: lavado de dinero, robo de hidrocarburos que rompió récord este año, cobro de derechos de piso”.

Delitos que según la periodista Ana Lilia Pérez, autora de El Cártel Negro y Pemex RIP, entrevistada en Aristegui Noticias, señaló que “son delitos cada vez más silenciosos porque queda claro que no hay autoridad en México capaz de respaldarlos o garantizar la seguridad”.

ES TODA UNA RED

“Levantones, que te lleven pipas robadas, granadazos, esta negativa a reconocer que siguen operando dentro de la industria petrolera radica en que no se combata”, señala la periodista Ana Lilia Pérez, que además refiere cómo a pesar de que hay juicios en la Unión Americana que involucran a empresas que siguen operando en México, estas aún funcionan en una estrategia que, asegura la autora, “se puso en marcha desde San Pedro de las Colonias, en Coahuila”.

Durante el gobierno de Fox y Felipe Calderón, dentro de Petróleos Mexicanos, el área de inteligencia conocía que los miembros originales de los Zetas operaban en la industria petrolera, y es aquí donde el foco nos lleva al estado de Coahuila.

Para la investigación del libro El Cártel Negro, la periodista tuvo acceso a expedientes internos de Pemex, donde los militares que formaban parte de la gerencia de los servicios de seguridad física de Petróleos Mexicanos registraron en sus reportes diarios que ellos presentaban por protocolo “que en sus recorridos en el estado de Coahuila habían detectado presencia de gente de los Zetas, que habían conversado incluso con ellos; hay que recordar que los Zetas eran exmilitares y algunos hasta se conocían con la gente que custodiaba las instalaciones de Petróleos Mexicanos y había ofrecimientos económicos para que la gente de Pemex y los militares encargados de la seguridad interna los dejaran operar”.

En un episodio, comenta la autora, “se narra cómo desde un municipio que está en Coahuila, ellos están narrando que habían llevado kaibiles para que alinearan a los ordeñadores, tapiñeros (instalan ductos de extracción) empleados y exempleados de Pemex y huachicoleros; a partir de ese momento, desde Coahuila estaba operando el que todos los que robaban hidrocarburos para Petróleos Mexicanos le pagaran al cártel una comisión.

“Es muy elocuente este tema y pude comprobar que en efecto había kaibiles operando en Coahuila en esos años porque viajé al centro de operaciones estratégicas kaibil, en Guatemala, y pude hablar con los jefes de la escuela kaibil, quienes confirmaron este hecho, y ellos decían cómo desde un municipio de Guatemala llegaban los Zetas a reclutar sus militares en activo y traérselos a México y llevarlos o a Coahuila, en el municipio de San Pedro de las Colonias, o a Nuevo León”.

“Todo eso se supo en la dirigencia del país, pues Pemex, sus instalaciones son consideradas de seguridad nacional y se ocultó esa información”.

Entrevistó a contratistas y franquiciatarios y ellos advertían que los Zetas les llevaban camiones de gasolina para comercializarlos presionándolos para colaborar o incluso de manera voluntaria.

“Se involucraron a grado tal que consolidaron sociedades empresariales con los Zetas, como el caso de Francisco Colorado, o en Coahuila, una red de franquicias gasolineras de Manuel ‘El Mono’ Muñoz, uno de los franquiciatarios más importante en la comarca lagunera. Desde Fox se advirtió que dejaron de comprarle a Pemex y continuaban operando, fue de los primeros empresarios en Coahuila que hizo sociedad con los Zetas”.

A pesar de que todas las áreas de seguridad tenían conocimiento de estas operaciones, se les dejó operar en un doble discurso de la guerra contra las drogas.

“En el caso de Manuel Muñoz, es uno de esos casos típicos, antes tenía personas que ordeñaban, otra parte se llevaba a los Estados Unidos porque tenía permisos de transporte a la frontera, filtraban condensado de gas en la Cuenca de Burgos para su transporte vía marítima a Puerto Isabel en Texas o por tierra a todo el territorio estadunidense.

“Ellos saben exactamente qué gasolineras venden robado y a quién pertenecen, y se les deja operar, las franquicias gasolineras son foco de lavado de dinero, a pesar de que EU las identifica en México, estas siguen operando en México en complicidad de las autoridades.

Pemex dejó desbordar la presencia criminal, concluye el libro.

“Es tan claro como que en Estados Unidos se llevaron juicios en contra de petroleras de diversos tipos y muy famosas a nivel internacional, donde sus ejecutivos se declararon culpables de comprar condensado de petróleo robado por los Zetas para comercializarlo en la Unión Americana, se declararon culpables, negociaron con la autoridad y siguieron operando por allá, pero las empresas también operan en México y en México no se hizo nada; los abogados de Pemex llevaron los casos en la Unión Americana, pero en el lado mexicano no se hizo nada por combatir el robo de combustible”.

“La Cuenca de Burgos es una zona controlada con los Zetas con efectos como la desaparición de personas, el desplazamiento forzado, lo vivido en Allende y Tamaulipas es una zona de silencio donde los trabajadores de Pemex y contratistas desa-parecen sin que las autoridades se comprometan a su búsqueda”.

En su nuevo libro, Pemex RIP, vida y asesinato de la principal empresa mexicana, la autora incluye en uno de sus capítulos al exgobernador Rogelio Montemayor Seguy.

“Tenemos casos tan escandalosos como el del director del Pemexgate, quien ahora mismo es beneficiario de la reforma energética de Enrique Peña Nieto con su propia petrolera y con sus propios contratos para la industria después de aquel escandaloso pasaje”.

“Rogelio Montemayor es contratista de Petróleos Mexicanos, creó una de las compañías que están ahora mismo con contratos otorgadas por la Comisión Nacional de Hidrocarburos para operar una región de gas en el norte del país, coahuilense que durante su administración llevó a un grupo de coahuilenses a operar en Pemex y luego se volvieron contratistas, uno de ellos asociado con Amado Yáñez de Oceanografía; la conclusión es que la riqueza petrolera siempre ha quedado en las mismas manos”.

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