Muere veterano congresista John Anderson

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El veterano congresista John Anderson falleció este domingo a los 95 años

Por: EFE

El veterano congresista John Anderson, que durante veinte años ocupó un escaño en la Cámara de Representantes de EE.UU., falleció este domingo a los 95 años en una residencia para ancianos de Washington, informaron hoy medios locales.

Después de una larga trayectoria en la filas del Partido Republicano, Anderson ocupó portadas en 1980 al presentarse como candidato independiente a las elecciones presidenciales, en las que, pese a quedar tercero, consiguió un resultado nada despreciable y se ganó la admiración de buena parte del país.

Anderson logró sorprender a propios y extraños al obtener un 7,1 % de los votos, frente a dos pesos pesados de la política nacional, el demócrata y vigente presidente, Jimmy Carter, y el republicano Ronald Reagan, que a la postre se haría con las llaves de la Casa Blanca.

El carácter de John Bayard Anderson, nacido el 15 de febrero de 1922 en la pequeña localidad de Rockford (Illinois), se forjó a partes iguales fruto de las dificultades que atravesó en su infancia por ser hijo de un inmigrante sueco y de sus experiencias vividas al combatir en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.

Antes de emprender su carrera en solitario, Anderson se había caracterizado por ser un verso suelto dentro de la bancada republicana desde que, en 1961, accedió a la Cámara Baja.

Anderson fue un ferviente defensor de las políticas económicas conservadoras de su partido, pero no se encontraba a gusto con intransigencia en asuntos sociales, lo que le llevaría a convertirse en una voz respetada por buena parte del espectro electoral bipartidista que caracteriza al país.

Uno de sus principales logros legislativos llegó en 1968 cuando, tras días de protestas por las calles de todo el país desatadas a consecuencia del asesinato del reverendo Martin Luther King, el aún republicano apoyó la normativa que prohibía la segregación en el acceso a la vivienda.

A pesar de la presión de sus compañeros de partido, el congresista decidió alinearse con la oposición demócrata y aportó el voto necesario para que la normativa pudiera ser debatida en la Cámara.

“Nos encontramos en un cruce de caminos. Podemos deslizarnos hacia un ciclo sin fin de protestas y desorden, o podemos comenzar la lenta y dolorosa ascensión hacia el aún distante objetivo de la igualdad de derechos y oportunidades para todos los estadounidenses”, dijo al defender el fin de la segregación.

Años más tarde, volvería a dar la espalda a su partido cuando, en 1974, pidió a un Richard Nixon aferrado al cargo a pesar del escándalo del Watergate que “le ahorrara al país una última agonía” y que renunciara.

En 1978, los republicanos, cansados de su rebeldía, invitaron al sacerdote fundamentalista Don Lyon a que se postulara al mismo escaño que el ya veterano Anderson.

El electorado respaldó a un Anderson que no tuvo problema en conservar su escaño, pero esta fue la gota que colmó su vaso.

Decidió entonces que era mejor intentar llevar sus ideas a la realidad desde la Casa Blanca, que “seguir luchando una guerra local contra los conservadores de la derecha”.

Propuestas como la de aumentar los impuestos sobre el combustible con el objetivo de financiar la aportación a la Seguridad Social de los trabajadores o la de establecer un mayor control en la venta de armas, le distanciaron aún más de las bases republicanas, pero le permitieron ganarse el apoyo y el respeto de numerosos demócratas.

Aunque su resultado en esas inusuales elecciones apenas quedará como una nota a pie de página en la historia política del país, Anderson dijo no tener “sensación de fracaso” puesto que consideraba que había abierto un camino que “otros posiblemente seguirían”.

Cansado de luchar contra molinos de viento, Anderson decidió poner fin a su carrera política para comenzar una nueva en el mundo académico, con la que siguió inspirando respeto tanto a sus alumnos como a su mujer, Keke Machakos, y a sus cinco hijos.

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