Historias de fallecidos en ‘tráiler de la muerte’

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La migración de México a Estados Unidos es realizada en mayor parte por hombres, aunque en los últimos años la participación femenina ha incrementado.

Por: Agencias

Ciudad de México.- El sábado por la noche, Lorena Lara recibió una llamada. Era su esposo, quien le hablaba para despedirse. “Me voy a morir”, le dijo Moisés Gómez, uno de los más de cien migrantes que viajaban sin aire ni agua en la parte trasera de un tráiler encontrado en San Antonio, Texas.

“Tuve un accidente, estoy muy mal, mi corazón no me responde y no puedo respirar”, contó Moisés a Lorena. Debido a la falta de oxígeno, permaneció inconsciente durante varios minutos. Con ayuda de un primo, Moisés logró salir del tráiler y subirse a una de las camionetas en que varios sobrevivientes fueron trasladados a casas de seguridad.

Al recobrar el conocimiento, consiguió un teléfono y narró a su esposa lo sucedido. Para ese entonces, todavía se escuchaban los gritos de desesperación, la angustia que dejó tras de sí el incidente en el que al menos 11 personas perdieron la vida.

“Había hasta niños. Mi esposo me comenta que el primero en fallecer fue un niño de 14 años”, cuenta Lorena.

Las condiciones de hacinamiento y asfixia, así como una temperatura incluso mayor de 37 grados centígrados, provocaron que la desesperación se apoderara de la gente. Comenzaron a golpearse entre sí mientras algunos trataban de hacer pequeños orificios en el vehículo con herramientas y navajas, para poder respirar.

Otros chupaban el sudor de sus camisetas para tratar de mantenerse hidratados. Varios de ellos quedaron inconscientes en medio de la oscuridad, mientras su corazón palpitaba con fuerza para tratar de compensar la falta de oxígeno.

Cuando finalmente alguien abrió las puertas del camión, algunos salieron corriendo, incluso “arrastrándose como animales”. Pero luego de permanecer durante varias horas sin aire, provocó que varios migrantes se desplomaran sobre el suelo al intentar huir. Fue así que horas después, 39 migrantes heridos fueron encontrados por las autoridades estadounidenses y llevados a diferentes hospitales.

De acuerdo con informes preliminares del gobierno mexicano, al menos 10 migrantes provenían del estado de Aguascalientes. El resto provenían de Zacatecas, Veracruz, Oaxaca, Michoacán, San Luis Potosí, Jalisco, Estado de México, Coahuila, Nuevo León y Ciudad de México. Otros procedían de Guatemala, El Salvador y Ecuador, según informó el director interino del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos a la agencia AP.

El HuffPost viajó a Aguascalientes y Zacatecas para hablar con familiares de los migrantes mexicanos que murieron durante el incidente, con el objetivo de conocer sus historias y entender el contexto por el cual, miles de migrantes deciden arriesgar sus vidas más de una vez para escapar de la miseria y poder realizar sus sueños. Esto fue lo que nos contaron.

JOSÉ RODRÍGUEZ AZPEITIA

Tras pasar más de dos décadas en Estados Unidos, José Rodríguez Azpeitia fue deportado a finales de 2016. De regreso en El Llano, Aguascalientes, de donde era originario, la vida no era fácil.

Conocido entre sus amigos como “La Yesca”, José murió a los 34 años de edad como consecuencia de las secuelas que dejó el encierro en el tráiler. Algunas versiones incluso señalan que fue golpeado al interior del vagón, en medio de la desesperada lucha por respirar a través de los diminutos agujeros que algunos migrantes pudieron hacer.

Con el dinero ganado en Estados Unidos poniendo tejas o en la cosecha de tabaco, José pudo construir poco a poco su propia casa, en la cual vivió durante sus últimos meses en compañía de sus cinco hijos y de Mónica Briones, su esposa, a quien conoció mientras trabajaba al otro lado de la frontera.

Pero su vida dio un giro inesperado una noche en que fue detenido junto a un amigo que poseía droga en su automóvil.

“A veces hablaba aquí con uno. Y nos dijo que andaba con un camarada, y no sabía que traía droga en su carro. Lo agarraron, duró un rato encerrado, y así fue la cosa. Él no consumía, ni vendía, ni nada. Así le pasó. Andaba con un amigo y en una de esas, mala suerte”, cuenta Genaro Rodríguez, hermano de José.

“Agarró el abogado y salió. Duró como un año encerrado, hasta que no se investiga bien, no es como aquí que das dinero y sales. Allá es hasta que se aclare todo bien”, agrega el hermano, quien enfatizó la inocencia de su hermano.

El incidente provocó que José se viera forzado a regresar a México con toda la familia. Pero las cosas se complicaron cuando los mil 300 pesos semanales que ganaba como albañil apenas y le alcanzaban para alimentar a su esposa y cinco hijos.

“Por tanto año que duró allá él hizo su vida. Aquí también anduvo y no dejó de trabajar, pero aquí pagan mil 200 pesos, nomás no alcanza pa’ comer. Y con ese dinero pos con la familia que tiene no crea uno come. Aquí para mantener cinco es duro. Y más él que no tenía estudios”, cuenta Genaro, quien recuerda a su hermano como una persona trabajadora, que no se rendía ante las adversidades, un tipo generoso, de quien se quita la camisa que lleva puesta para dársela a los demás.

“Le gustaba salir adelante, no se aplastaba con que no hay jale, le buscaba aquí y allá. Él era muy luchón. No se rendía. Le tupía al jale que fuera. Se fastidió que no había jale aquí”, cuenta Genaro.

“Él era buena gente, ayudó a muchos amigos de aquí de Palo Alto, llegaban ahí con él y les ofrecía ropa, 20 o 30 dólares para que comieran, apoyo en su casa. Era muy buena gente, dejó muchos amigos”, agrega el hermano.

Aunque el gobierno municipal de El Llano ha contactado a Mónica, esposa de José, para apoyar en medida de lo posible con el traslado del cuerpo, la familia está preocupada por cómo hará la viuda para mantener a sus cinco hijos sin la ayuda de su esposo.

“Andan tristes su familia y los niños. Han estado llorando, pues ya no van a ver a su papá. Es duro para ellos. Están chicos y nomás saben que quieren para esto, una coca, un pan, y si no hay pues lloran. Y él los tenía acostumbrados a que piden y él les da. ¿Y ahora quién les va a dar?”, se lamenta Genaro.

“Les va a tocar sufrir un ratito hasta que tengan edad y se vayan para allá”, dice el hermano de José, quien considera que al menos el hecho de que sus sobrinos hayan nacido en territorio estadounidense les da esperanza que tarde o temprano podrán regresar allá para trabajar.

El HuffPost contactó a la esposa de José, quien se encontraba visiblemente afectada por el acontecimiento y se negó a dar entrevistas.

Además de José, al menos otras 8 personas eran provenientes de la comunidad de El Llano. Se trata de Jorge de los Santos, José Luis Gómez Moreno, Romualdo Vásquez Esparza, Juan Daniel Tiscareño Aguilar, Adán Lara Vega y Brandon Rodrigo Martínez, un menor de 16 años quien presenta daño cerebral. Dos personas más, Juan Tiscareño Ibarra y Moisés Gómez, lograron escapar del tráiler, por lo que no aparecen en los registros de las autoridades, aun cuando han podido ponerse en contacto con sus familiares.

Al menos otros cuatro migrantes son originarios de Calvillo, Aguascalientes: Jhonny Serna Ramírez y Mario Alberto Ramírez Méndez y Gustavo Romo, además de José Antonio González, quien logró escapar del tráiler y permanece oculto en Estados Unidos.

RICARDO MARTÍNEZ ESPARZA

Ricardo Martínez Esparza viajó con su hermano Manuel con la esperanza de cruzar la frontera y juntar dinero para mejorar su casa. Oriundo de Zacatecas, murió tras el encierro en el tráiler. Su hermano permanece inconsciente, en el hospital, mientras su familia ubicada en la comunidad de Lomas del Paraíso, en el municipio de Loreto, vive horas de angustia.

“Por eso se fue mi Ricardo, para llevar una vida mejor. Le dije, no importa mijo, ya sea que comamos frijolitos o nopalitos, lo bueno que ahorita hay. Pero él se decidió y se fue para no volver”, María Guadalupe Esparza, madre de ambos.

“Él quería hacer su casita propia, pero me decía: ‘aquí no puedo má, aquí no puedo’. Sus amigos van y vienen al norte y se hacen sus casitas. Ya no se pudo”, agrega la señora.

Cuenta que la casa en la que ahora vive era de cartón, techo de lámina y una cobija con la que cubrían un enorme agujero. Gracias al trabajo de sus otros hijos en Estados Unidos, la familia pudo mejorar las condiciones del hogar.

Por eso era natural que Ricardo, quien visitaba Estados Unidos por primera vez, decidiera seguir los pasos de sus hermanos al haber cumplido los 24 años de edad.

Trabajando en el campo, en el cultivo de la lechuga y el repollo, ahorró un poco de dinero para realizar la travesía. Pero no era suficiente, por lo que el padre de ambos muchachos, Isidro Martínez, tuvo que pedir prestado entre sus conocidos. La familia teme que don Isidro no resista el dolor de la pérdida y las presiones.

Hace poco fue extorsionado por bandas de criminales y tuvo que pagar 300 pesos, todo lo que tenía, para que no le hicieran daño a una de sus hijas en una región donde los cárteles de la droga mantienen una presencia constante en la zona de Loreto. Desde que se enteró de la fatal noticia, a Isidro le dan fiebres y le duelen los huesos.

“Mi esposo se endrogó para conseguirle el pasaje. Tuvo que pedir prestado para dar en el camino, para los dos. Llevaban 20 o 30 mil cada uno”, cuenta Guadalupe, a quien parece faltarle el aire mientras el dolor va atorando las palabras hasta que se suelta en llanto.

María Guadalupe también recuerda que hace poco más de un año, otro pariente suyo, un tío, se fue a probar suerte a Estados Unidos. Lo encontraron a los ocho días de desaparecido, desecho, cuando intentaba cruzar el desierto.

Una situación que ha provocado que otros integrantes de la familia se resistan a probar fortuna al otro lado de la frontera aun cuando la pobreza aprieta.

Silvia es madre de tres hijas y hermana de Manuel y Ricardo.

“Mi esposo es jornalero, trabaja en un rancho. Ya fue una vez a Estados Unidos y estuvo a punto de irse con ellos. Él gana 150 pesos al día y de repente se queda a ganar extras, 30 pesos. Él sufrió mucho cuando le tocó pasar”, cuenta Silvia.

¿Tú has pensado en cruzar a Estados Unidos?, le pregunto.

“Hay veces que nuestros hijos se enferman y uno no encuentra la salida. Es cuando dice uno, yo sí me iría pa’ Estados Unidos, para que mis hijos tengan más, y no les falte nada. Para que cuando se enferman no tener que esperar hasta cuándo consigo o quién me ayuda para llevarlos al médico”, relata.

Cuenta que a una de sus hijas le dio neumonía. La internaron una semana en el hospital. Su esposo no trabajaba para estar con ellas. Pero a los pocos días ya no tenían dinero suficiente ni para lo indispensable.

“Esa semana no sentimos nada, pero la siguiente que ya estuvimos en la casa, pues de dónde. Ni para arrimarle su juguito, su leche, comprarle su medicina. Es cuando uno dice, yo quisiera estar en Estados Unidos para que no les falte nada”, señala Silvia.

Una historia que se repite

A pesar del impacto que ha provocado la muerte de José y Ricardo en sus respectivas comunidades, los peligros de la migración son una historia conocida por los habitantes de El Llano y Loreto. Y esto se debe al fuerte arraigo de la migración dentro de la cultura local.

Narciso Hernández lo sabe bien. Hace más de 28 años quedó atrapado en un vagón de tren que transportaba sorgo. Hoy, trabaja como barrendero para el municipio de El Llano.

“Hace muchos años de eso. Nos metimos al mentado vagón. Nos metimos seis. Era como de ochenta carros el tren. Y al pasar ya, cuando tenemos rato sin caminar el tren, nos empezamos a desesperar allá dentro”, cuenta Narciso, quien tras ser deportado comenzó a trabajar a unas fábricas de pollo para luego conseguir trabajo como intendente en el gobierno.

“Dirán que los dólares, pero los arriesgues que lleva uno son muy grandes”, agrega el señor.

Otro caso es el de Leticia García Ibarra, quien cruzó la frontera hace ya varios años, mientras estaba embarazada de su segundo hijo, a quien dio a luz con tan sólo 17 años de edad.

Vivió durante varios años en Estados Unidos, en localidades de Indiana, Phoenix, Florida y Virgnia, mientras trabajaba vendiendo alfombras, como encargada de seguridad en un McDonalds o hasta vendiendo tortas de carnitas en las calles. Regresó a Aguascalientes luego de que fuera detenida por conducir un camión sin permiso. Tras un breve periodo detenida, huyó de regreso a México ante el temor de que pudieran encarcelarla tras seguir su proceso judicial en libertad.

No se arrepiente, aun cuando reconoce que mantener y criar a sus cinco hijos ha sido todo un reto en ambos lados de la frontera.

“Esos niños han estado a punto (de morir) porque uno los descuida en su trabajo”, confiesa Leticia.

“A veces crecen con sentimiento, pero creo que fue bien, porque tuvieron cosas que uno no pudo tener. Uno deseaba hasta un pan, una coca”, agrega Lety, quien no pierde la esperanza de regresar a Estados Unidos.

Y es que al parecer, existe un patrón que se repite en localidades como El Llano y Lomas del Paraíso, donde las mujeres se embarazan y casan prematuramente, alrededor de los 14 años, con muchachos que rondan entre los 16 o 17 años, de acuerdo con varias historias que fueron relatadas al HuffPost.

Un patrón en el que la paternidad y la pobreza orillan a muchos jóvenes a probar suerte en Estados Unidos ante la imposibilidad de mantener a sus hijos.

Otra historia recurrente, es la manera en que los migrantes de la región tienen que pedir prestado grandes sumas de dinero para pagarle al coyote que habrá de conducirlos a través del Río Bravo, el desierto, trenes y camionetas en busca del sueño americano.

Muchos de ellos tienen que recurrir a sus familiares y amigos, aunque por lo regular, son sus conocidos y parientes que viven en Estados Unidos a quienes recurren para completar el dinero necesario para cruzar la frontera, con la promesa de que una vez que consigan trabajo en el vecino país del norte, podrán saldar la deuda.

De acuerdo con varios testimonios recogidos por el HuffPost, los migrantes suelen gastar entre 20 y 30 mil pesos para que los polleros puedan cruzarlos por la frontera. Una cifra que, de acuerdo a versiones recientes, puede incluso rondar los 5 mil dólares y 6 mil 500 dólares (entre 85 mil pesos y 110 mil pesos, aproximadamente). Una suma de dinero que, sin embargo, no les garantiza llegar vivos a su destino.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, la pérdida de población por migración internacional entre 2014 y 2015 fue más intensa en entidades tradicionalmente migratorias, como Michoacán (con una tasa de -136.1 por cada 10 mil habitantes), Zacatecas (-115.8), Guanajuato (-108), Durango (-108.8), Baja California (-75.5), Tamaulipas (-72.9) y Aguascalientes (-60.4).

Los datos también indican que la migración de México a Estados Unidos es realizada mayoritariamente por hombres, aunque en los últimos años la participación femenina ha incrementado gradualmente respecto del total de movimientos migratorios.

Con información de Huffpost

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