Golpea el hambre; lucran con necesidades de migrantes

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Haitianos arriesgan la vida por comida y agua; les venden botellas en 30 pesos.

Por Rosalío González

Ciudad Acuña, Coah.- “Una botella de agua y una tortilla”, es lo único que le dan a los haitianos hacinados en el campamento migrante improvisado en territorio estadunidense, o al menos eso dijo John Pierre, un joven padre de familia que regresó a México por hambre.

Del lado mexicano hay pollo frito y empanizado, burritos, pizza, helados y hasta aguas frescas para la gente a la orilla del río, aunque a un alto costo, primero el de la vida para atravesar de nuevo la corriente rumbo a México, y después el económico, porque hasta 30 pesos les puede costar una simple botella con agua.

Los comerciantes de Acuña encontraron una mina de pesos y dólares en el Parque Braulio Fernández, donde se encuentran los haitianos que cruzan al lado norteamericano, pero también los migrantes hacen negocios para transportar comida entre una y otra orilla de la frontera.

Como si de DiDi Food o Uber Eats se tratara, algunos migrantes, los más jóvenes y fuertes, cobran hasta 200 pesos para hacer mandados entre los dos países, pero no todas las familias tienen para pagar el servicio, y gritan de hambre desde el lado norteamericano.

Los bebés sin pañales ni leche, las mujeres embarazadas y las niñas descalzas, son los rostros más desesperados de la crisis humanitaria, aunque el hambre le pega a todos.

La tarde y noche de ayer, comerciantes y donadores de comida se atiborraron a la orilla del río, se confundían entre sí, los haitianos no sabían quién vendía y quién regalaba la comida.

Los padres de familia salían mojados por las aguas del Bravo y pedían comida, los que traían dinero preguntan el precio en un francés criollo, o en portugués, y los que menos en un español apenas entendible, pero los que no cuentan con dinero solo gritan por comida y buscan con ojos desesperados a los rostros amables que llevan las donaciones.

El riesgo es mucho, de un momento a otro la Patrulla Fronteriza puede romper la débil cuerda que comunica a una orilla y la otra, como sucedió la noche de ayer y las familias quedan separadas entre un país y el otro por cuestiones de hambruna.

Alrededor de las 21:00 horas de ayer, un joven haitiano que trasladaba piezas de pollo y espagueti en una bolsa amarrada a la cabeza, fue arrastrado por la corriente del río, ante la mirada de residentes de Acuña que gritaron angustiados por la suerte del muchacho.

Como ese anónimo migrante, muchos arriesgan la vida por comida y agua para su familia o para ganarse unos pesos más que los ayuden a llegar a su destino en Estados Unidos, aunque es sabido que no se les permitirá el paso legal al país vecino.

“Cualquier cosa de todas maneras es mejor que estar en Haití”, concluye ante el escenario crítico John Pierre, que migra junto a su hija y esposa a Estados Unidos.

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