Enfrenta agresiones de feministas; ciudadanía la reconoce con aplausos

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Durante esos minutos de tensión, Carmen Ariadna trata de recordar cuanto tiempo duró su intervención de custodia

Por: Grupo Zócalo

Ciudad de México.- Carmen Ariadna Guzmán Salazar, es una de las más de 30 policías que resguardó los huecos del envallado que fueron derribados por los contingentes feministas la tarde del miércoles en la plancha del zócalo capitalino y tenían como objetivo agredir a civiles del campamento de Frenaaa.

Esta aguerrida policía con nueve años de servicio y con un año, exactamente en la “especialización” de protocolos para la atención de movilizaciones feministas, relata con voz tímida y pausada que desde la calle de Balderas acompañó junto con un grupo de compañeras a un contingente, el cual caminaba de manera pacífica, pero al pisar el primer cuadro de la ciudad, se dirigieron al punto donde quedaban algunas casas de campaña de este movimiento social que confronta al presidente, Andrés Manuel López Obrador.

Cuando llegaron a Plaza de la Constitución fue cuando comenzaron a agredir a personas que se encontraban en el campamento de Frenaaa, se nos dio la indicación de que empezáramos a hacer el envallado, y ahí es cuando a nosotros nos empiezan a agredir unas mujeres que comenzaban a quitar el envallado metálico y nosotros comenzamos a cubrir esos puntos que se quedaban sin protección”, detalla esta uniformada de 30 años de edad.

Sin alterarse, dando muestra de que las pláticas y sobre todo, las decenas de marchas a las que ha acudido han forjado su temple, Carmen Ariadna dice que se debe tener la “cabeza fría” y controlar las emociones, cuando de los gritos y amenazas, las manifestantes pasan a los golpes, como los que ella tuvo que soportar en la espalda hace unas horas.

A mi me pegaron en la espalda con un tubo, a otra que se encontraba al lado de mi la golpearon con unos martillos, te pegan con todo, a otras compañeras les quitaron el escudo, cada vez, las agresiones van aumentando contra nosotras”, comenta con esa voz aguda de adolescente, más que de una madre de una niña de siete años.

Durante esos minutos de tensión, Carmen Ariadna trata de recordar cuanto tiempo duró su intervención de custodia, “la verdad no te puedo decir ni a qué hora terminó la marcha”.

Lo cierto, es que después de aguantar los enfrentamientos y observar como las manifestantes desaparecían, a esta mujer policía y sus compañeras, se les dio la orden de retirada.

En ese momento, esas mujeres con escudos pintados con aerosol, rostros y cuerpos maltrechos, marchaban para poner fin a su jornada. De pronto, de forma espontánea vinieron aplausos y silbidos como un reconocimiento y gratitud por impedir agresiones contra ciudadanos.

Carmen Ariadna, sólo contaba los minutos para llegar a su casa y poder abrazar a su pequeña hija y contarle a su familia que otra marcha había terminado y ella estaba sana y salva.

Con información de Excélsior.

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