Denuncia tortura y abusos de pastor evangélico en Nueva Rosita

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Después de 11 años de sufrir maltrato físico y sicológico en una secta macabra, una joven madre de familia decidió ya no callar.

Por: Grupo Zócalo

Nueva Rosita, Coahuila. – Después de 11 años de sufrir maltrato físico y psicológico en una secta, una joven madre de familia decidió ya no callar más y le pidió el divorcio a su esposo; un “pastor” evangélico que la sometía a las reglas más estrictas y oscuras, golpeándola para calmar su rebeldía junto a sus hijos, con una vara de madera que mandó a hacer especialmente marcada con el proverbio 29:15 “La vara y la corrección dan sabiduría”.

Como si el calvario no fuera suficiente, hoy miércoles 9 de diciembre se le colocará a Edith Villarreal Calixto el brazalete electrónico, tras ser considerada por las autoridades una de las más peligrosas criminales, tan solo por exigir que le devuelvan a sus hijos y decir ya basta a la violencia.

Pareciera de película de terror, pero es la realidad de esta joven mujer con 31 años, 1.50 metros de estatura y escasos 50 kilogramos que soportó vejaciones durante 11 años que permaneció casada con el pastor del Templo Jesucristo Puerta de Bendición, Ismael Ruiz Solis, ubicado en la colonia Maria de Nueva Rosita.

El pasado mes de julio del presente año, Edith por enésima vez le pidió el divorcio a su pareja y éste accedió, sin embargo en una salida cotidiana cuando regresó a su hogar en la colonia Sarabia se percató de que los candados ya nos eran los mismos y sus tres hijos ya no estaban en su hogar.

Acudió al Ministerio Público para poner una denuncia pero nada pudieron hacer al respecto, su demanda nunca procedió y contrario a ello fue denunciada por su aún marido por amenazas; la juzgaron como peligrosa y le dictaron como medida la prisión preventiva o el uso del brazalete, que hoy a las 11:00 horas le será colocado en el tobillo de forma cautelar.

Lo que pareciera finalmente liberarse de las cadenas de su verdugo y la alegría de estar con sus hijos, se convirtió en la destrucción de vida, no le permiten verlos, aún y cuando lo decidió el juez de lo familiar, está restringida a circular en ciertas partes de la ciudad y carece de un hogar y enseres para sobrevivir, mientras el clamor de justicia continúa como su última esperanza.

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